Teodoro León Gross-ABC
- Lentamente se abre paso una operación ‘mani puliti’ entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, también la Fiscalía Anticorrupción. Calama, Pedraz, Luzón…
Ironizaba Thomas de Quincey en ‘Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes’ acerca del riesgo de que un pequeño traspiés moral suponga el comienzo de una espiral viciosa: «Se empieza por un asesinato; se sigue por el robo; se continúa por la bebida y la inobservancia del Día del Señor; y se acaba por dejar las cosas para el día siguiente». El sanchismo parece reproducir, tragicómicamente, esa deriva invertida descrita por De Quincey. «Se empieza por amnistiar a golpistas; se sigue por la corrupción a gran escala y por la mentira sistemática; se continúa por colonizar todas las instituciones; y se acaba por usar la Moncloa para mítines perrunos». Ayer a nadie le importaba ya demasiado ver a Óscar López en la rueda posterior al Consejo de Ministros colocando su ‘bullshit’ habitual. ¿Qué será lo próximo? ¿Irse del bar del Congreso haciendo un simpa? El sanchismo, rueda rodando, ya ha acumulado todo el bagaje de la corrupción.
Parafraseando la Italia de los noventa, esto es Sancheztópoli. Y lentamente se abre paso una operación ‘mani puliti’ entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, también la Fiscalía Anticorrupción, con las investigaciones de la UCO y la UDEF. Calama, Pedraz, Luzón… Se acumulan los sumarios de corrupción estructural a escala. Esta semana se cifraban ya en 15, con 94 imputados vinculados al PSOE… casi más que diputados, como añadía Feijóo irónicamente. El Alto Tribunal sitúa el origen de la organización criminal en las primarias. Ahí comienza Sancheztópoli. No hubo un presanchismo limpio. Desde que irrumpió para competir por el poder se iniciaron las prácticas golfas: las órdenes para colar papeletas fraudulentas, la financiación oscura del proceso, las mentiras de 2016 antes del no es no, la urna detrás de las cortinas, el asalto de la Banda del Peugeot… . Sigue siendo fascinante que aquel asalto al poder se produjese con la bandera de la regeneración.
Sánchez tiene señalados por diferentes escándalos a quien fuera su lugarteniente, a su mujer, a su hermano, a su faro moral, a su fiscal general, a su segundo secretario de Organización… ahora también incluso a su franquicia del PNV. Algo más que una cloaca. Y todavía se dan golpes de pecho para victimizarse en una comedia ridícula. Quienes compraron el poder con la amnistía de los golpistas, forzando que quedasen impunes incluso actos de terrorismo, ahora parecen muy afectados por si a Aldama le caen cuatro o siete años. Es un mal chiste. Pero la especialidad de la casa es el relato victimista. Por eso ponen el foco en la pena del comisionista, como este fin de semana en Peinado forzando al Consejo General del Poder Judicial a meterse en el jardín disciplinario. Y lo que maravilla es que la clientela de Sancheztópoli siga tragándose el narcisismo moral del lado correcto de la historia.