Marisol Oviaño-Vozpópuli

  • Algo me dice que Sánchez no es el único del matrimonio que quiere pasar a la Historia.

Sánchez, entiéndelo, le cuesta hablar de los casos judiciales contra su familia: “afectan a personas que quiero”, ha dicho cariacontecido como la víctima que finge ser. Su Persona sigue erre que erre, inasequible al desaliento; no se cansa de intentar convencernos de que su mujer y su hermano son objeto de una inmerecida persecución para hacerle caer a él. Pero a nosotros no se escapa que, por mucha ultraderecha antisanchista que haya en todas partes —prensa, judicatura, policía, guardia civil y, a veces, hasta la fiscalía—, desatar una cacería contra ellos habría sido imposible si no hubieran tratado de enriquecerse a nuestra costa.

Mucha gente denuncia que Bego Fundraiser dirigía una cátedra —aconsejaría cambiar el nombre de esos cursillos para evitar malentendidos— sin tener un título superior, pero a veces gente sin licenciatura cuyo desempeño profesional ha supuesto un hito imparte algún tipo de formación en la universidad. Sin embargo, basta escuchar un ratito a Begoña para comprender que sólo es una arribista que agita palabritas sonajero —expertise, sostenible— y construye con ellas un discurso hueco de vendedora de humo. ¿Te acuerdas de cómo nos reímos cuando, en plena pandemia, propuso que los restaurantes se convirtieran en negocios que prepararan comida ecológica de proximidad con energías renovables y, además, educaran “en comida sana” a sus clientes? Algo me dice que Sánchez no es el único del matrimonio que quiere pasar a la Historia. 

Chaperos, prostitutas y camellos

Aunque a ella la recordaremos por ese complejo de inferioridad que la lleva a intentar parecer lo que no es y por su balbuciente verborrea de ejecutiva de pega: Show me the money, que soy la presidenta. Para estrechar las manos de grandes empresarios y mandatarios mundiales sin quedar paralizada por el síndrome del impostor, tenía que alejarse del lumpen sobre el que se había levantado la fortuna familiar. Y no seré yo quien le niegue su principal mérito: comprender que el tercer sector tiene mejor fama y es mucho más rentable que los prostíbulos paternos, donde sólo se relacionaba con chaperos, prostitutas y camellos de medio pelo con los que no podía hacerse selfies. Sin embargo, aunque la idea era buena, sus muchas carencias le impedían llevar a cabo su plan sola; de modo que llamó al también imputado Barrabés para que diseñara el contenido de su cátedra. Ya sólo faltaba un nombre: Transformación Social Competitiva, que nadie sabe lo que es, pero suena muy trending.

Siempre he pensado que el objetivo era imponer esos cursos a las empresas —como ya se hace con los de prevención de riesgos o igualdad de género—; es decir: forrarse a lo grande. Pero, bueno, eso sólo son elucubraciones mías. En cualquier caso, nunca entenderé por qué la oposición no denunció desde el minuto uno el conflicto de intereses que había entre los business de Begoña y el cargo de su marido; pero tampoco me explico por qué los de Feijóo no han votado a favor de que los votos por correo vayan a una urna diferente. Hay muchas cosas que no alcanzo a comprender.

Hay hijas e hijas

¿Y qué decir del autor de la Danza de las chirimoyas? Sólo que su comportamiento invita a pensar que sufre algún trastorno del espectro autista, lo que me impide desplegar toda la ironía de la que sería capaz. Aun así, sigo pensando que, si Sánchez quisiera de verdad a su familia, no habría permitido que se metieran en estos berenjenales. Y lo mismo podría decir del muñidor de la Alianza de Civilizaciones, que ha utilizado a sus hijas como testaferros. El otro día en Horizonte —el programa de Iker Jiménez—, Tomás Gómez, que conoce muy bien al expresidente y, además, ha sufrido de primera mano al One de triada oscura, afirmó como quien lleva mucho tiempo pensando en ello y necesita compartir lo que sabe: “Hay una diferencia fundamental entre Pedro Sánchez y Zapatero: Pedro Sánchez no tendría ningún problema en que sus hijas fueran a la cárcel, y yo creo que Zapatero no lo va a permitir”. Admito que no encontré descabelladas aquellas palabras y que sentí lástima por las nietas de Sabiniano

Tomás Gómez aseguró que Bambi hará lo posible y lo imposible por salvar a sus hijas. A buenas horas mangas verdes. Si no hubiera sido un padre tan progresista —sinónimo de alérgico a las responsabilidades familiares—, no habría permitido que sus hijas le acompañaran a ver a los Obama o, cuando menos, las habría obligado a quitarse los ropajes de la familia Monster y vestirse de personas. Pero como la autoridad y la disciplina son cosas fascistas, Zapatero consintió. Y con ello puso a sus hijas en la diana. Apostaría a que sus vidas se torcieron a raíz de aquella foto que las convirtió en el hazmerreír nacional. Quién sabe si, de no haberse colado en aquel viaje en el que no pintaban nada, hoy no estarían en capilla para entrar en la cárcel.