Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • ¿Cabe esperar que se produzca en el PSOE un proceso similar al que desembocó en la caída de Pablo Casado?

El premier británico, Keir Starmer, ha dimitido básicamente por dos motivos: el nombramiento en contra de la opinión de su partido y de la oposición de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos y la seria derrota del laborismo en las recientes elecciones municipales del 1 de mayo pasado. Mandelson estaba contraindicado para el cargo por sus oscuras relaciones con Jeffrey Epstein, el magnate norteamericano condenado por delitos sexuales que murió en la cárcel en extrañas circunstancias. Pese a las advertencias sobre la toxicidad del personaje -no en vano el apodo de Mandelson es el de “Príncipe de las Tinieblas”-, Starmer se empeñó en designarle y enviarle a Washington. El escándalo subsiguiente obligó a Mandelson a dimitir y cursar baja en el partido laborista. Este episodio salpicó al jefe del Ejecutivo y dañó seriamente su reputación. En cuanto a las elecciones locales, la formación liderada por Nigel Farage, Reform UK, fue la gran ganadora de estos comicios con una humillante ventaja sobre los laboristas, lo que representó un duro golpe para el liderazgo del primer ministro. Por tanto, un evidente error in eligendo, un inapelable tropiezo en las urnas y a casa.

Comparemos este itinerario del último inquilino del 10 de Downing Street con el del sujeto que pernocta en el complejo de La Moncloa. Su claridad de juicio respecto a nombramientos está demostrada. Dos secretarios de organización del PSOE sucesivos corruptos hasta la médula. Uno ya juzgado y condenado a veinticuatro años de prisión y el otro en libertad provisional a la espera de juicio, tras el cual irá también a chirona por un tiempo prolongado. La fontanera Leire Díez ha desempeñado cargos de alto nivel en la Administración, entre ellos directora de comunicación de la empresa nacional del uranio, ENUSA, y directora de relaciones institucionales de la entidad estatal Correos. Es obvio que P.S. la cuidaba con mimo para que realizase los edificantes trabajos que le encargaba Santos Cerdán con el objetivo de desmontar las investigaciones de la policía judicial que pudiesen afectar al One.

Logros electorales

Pasemos a los logros electorales del renovador de colchones en la residencia de la presidencia del Gobierno. En las elecciones generales de 2023 el PSOE obtuvo 121 escaños frente a los 137 del PP y el perdedor sólo fue capaz de aglutinar una mayoría parlamentaria entregando la Nación a sus peores enemigos. En las elecciones municipales de ese mismo año el PP obtuvo en el conjunto del Estado 23.412 concejales y el PSOE 20.784 y en las grandes ciudades -número de habitantes superior a 450.000- el PP ganó en todas salvo una, Barcelona. Los fracasos del PSOE en las elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón, Andalucía y Castilla y León han sido notorios y en todas ellas su principal adversario ha sido el más votado. 

Pues bien, con este bagaje tan negativo comparado con el cual los fallos de Keir Starmer parecen una nadería, éste se ha visto obligado a dejar la cabeza del Gobierno y la jefatura del partido laborista mientras nuestro Pedro se mantiene en la poltrona impertérrito para “mejorar la vida de la gente”, entendiendo esa mejoría como la imposibilidad para una gran mayoría de alquilar o comprar una vivienda, llegar a fin de mes, ser atendido por la sanidad pública con una demora que no sea estratosférica, recibir una educación pública de calidad o ahorrar algo para imprevistos o la vejez.

Lo que hay que destacar es que Starmer tampoco quería renunciar y ha intentado aguantar la tormenta, pero han sido sus correligionarios diputados en Westminster y las bases de su organización los que le han señalado inmisericordes la puerta de salida a la vez que varias figuras destacadas del laborismo han lanzado su candidatura para sustituirle. El paso siguiente será que el grupo parlamentario, los militantes y los sindicatos afiliados elijan al nuevo líder y primer ministro. Los candidatos deben contar con el apoyo de un mínimo del 20% de los diputados -81 votos- y si varios superan este umbral se pasa a la segunda fase en la que entran la militancia y las entidades adheridas. Si hay un único aspirante, su elección es automática. Todo apunta a que Andy Burnham, hasta hace poco alcalde de Manchester y recientemente victorioso en la elección parcial de la circunscripción de Makerfield, se sentará en la cabecera del consejo de ministros y dirigirá el partido.

Escastillarse en el Gobierno

Estas dos situaciones tan dispares, una la propia de una democracia viva y auténtica y la otra de un sistema degradado y renqueante, se explican por las diferentes culturas cívicas en los dos países. En el Reino Unido los diputados no son colocados por el jefe del partido, sino que se ganan su escaño compitiendo con las restantes opciones electorales en distritos uninominales mediante sistema mayoritario. Su puesto es suyo y no depende de la benevolencia de la cúpula. Si el primer ministro no rinde en términos de popularidad o es incompetente o corrupto, son sus colegas parlamentarios, sus compañeros de siglas y los ciudadanos simpatizantes de su espacio político los que le apartan de su cometido y le reemplazan por otro al que consideran más apto. ¿Alguien imagina algo así en el PSOE envenenado por el sanchismo? ¿Es realista pensar que Emiliano García Page se plante y desafíe al desaprensivo que lleva a la izquierda al desastre y a España a la disolución, al desprestigio y a la ruina? ¿Cabe esperar que se produzca en el PSOE un proceso similar al que desembocó en la caída de Pablo Casado y la entronización de Alberto Núñez Feijóo? Mucho tendrá que cambiar la sociedad española, nuestra ley electoral y la mentalidad de nuestros representantes y gobernantes para que veamos el día en que un enemigo declarado de España, venal y carente por completo de escrúpulos no pueda encastillarse en la presidencia del Gobierno arrastrándonos a todos al abismo.