Editorial-El Correo

  • La ineficacia del Gobierno de Delcy Rodríguez ante la destrucción sísmica indigna a los venezolanos y demanda un mayor compromiso de Trump

Un desastre como el doble terremoto registrado hace cinco días en el norte de Venezuela obliga al Gobierno a desplegar todas sus capacidades, en tiempo real, a la vista de sus ciudadanos y de todo el mundo. El caos en el que los seísmos sumieron a Caracas y al Estado vecino de La Guaira, con un balance provisional de 1.450 muertos, miles de heridos y un número incalculable de inmuebles e infraestructuras destrozados, deriva de un siniestro catastrófico que el Ejecutivo de Delcy Rodríguez se muestra incapaz de afrontar con solvencia. Al contrario, se achacan a las autoridades trabas burocráticas a la llegada de los equipos internacionales de rescate, lentitud en despejar las carreteras para los servicios de emergencia y afán de control, con fines propagandísticos, de la prensa desplazada al país. La avalancha de damnificados desborda un sistema sanitario ya en penosas condiciones antes de esta crisis y son miles los que han perdido su hogar sin refugio que los ampare.

«No nos dan las manos ni las herramientas», claman los venezolanos ante un despliegue militar, policial y de protección civil que no alcanza ni para apuntalar la solidaridad ciudadana ni para impedir su reverso, la acción de saqueadores. Comienzan a aparecer conatos de protesta por la falta de medios, que se suman al malestar acumulado durante largos años de crisis económica, emigración masiva y denuncias de fraude electoral. Un descontento que solo empeorará si la respuesta de los gobernantes chavistas sigue siendo lenta o llega a incurrir en corrupción con la asistencia internacional, todavía muy modesta para siete millones de afectados.

La gestión ineficaz de los terremotos produce efectos políticos. En 1972, el desvío de fondos de ayuda por Somoza en Nicaragua abonó la llegada del sandinismo. La catástrofe de Ciudad de México en 1985 mostró a los ciudadanos que nada podían esperar del PRI. Las instituciones haitianas aún no han revertido la desestabilización que trajo el seísmo de 2010. Un horizonte que ahora encara en Venezuela un chavismo reducido a escombros y tutelado por Estados Unidos. Cuando el 3 de enero sacó del poder a Nicolás Maduro, Donald Trump asumió la gestión de la riqueza petrolera. Ahora, la urgencia humanitaria y la ingente tarea de reconstrucción demandan un compromiso con la seguridad y el futuro de los venezolanos, sostenido además en el tiempo.