Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • El independentismo catalán se ha dado cuenta de lo que es jugar con la inmigración. Y sospecho que el PSOE, convertido hogaño en la extrema izquierda española, también se dará cuenta de a dónde han ido

Es difícil ser más inmoral de lo que lo es este Gobierno con los inmigrantes. Hasta para su «legalización». Nos están asaeteando con la regularización y con la nacionalización de nietos, bisnietos y tataranietos de españoles exiliados. Hoy prefiero centrarme en la regularización de extranjeros que han venido a trabajar ilegalmente y a los que ahora se intenta dar unos papeles para que vivan legalmente. A mí me parece muy bien que se intente. ¡Qué menos!

Confieso que a lo largo de las últimas décadas he ayudado a regularizar la situación de algunas personas para trabajar en mi domicilio. Pero creo no equivocarme si digo que ya hace más de una década que no tengo que regularizar a nadie porque cuando hace falta siempre encuentras inmigrantes con los papeles en regla.

Lo que más me ha sorprendido de este último anuncio gubernamental es que nos dicen que van a invertir 500 millones en un plan de regulación de «migrantes» a los que se va a enseñar, entre otras cosas, alguna lengua cooficial. Tiene delito la cosa. Primero: ¿de dónde salen esos 500 millones en un país en el que no hay presupuestos? No son 500.000 euros, ni 5 millones, ni 50 millones. Son 500 millones que este Gobierno puede mover de un lado a otro sin rendir cuentas a nadie. ¿Puede ocurrir esto en una verdadera democracia?

No me extenderé en mi indignación, tantas veces manifestada aquí, sobre llamar «migrantes» a los inmigrantes. Los que migran son las bestias que buscan climas alternativos en verano y en invierno. Migran para volver al lugar de origen. Los inmigrantes vienen a quedarse. ¿O alguien cree que van a volver en otoño al lugar del que salieron jugándose la vida? Y finalmente, lo que más me ha indignado: Se van a gastar parte de esos 500 millones en enseñarles alguna de las lenguas cooficiales del Reino de España. Los independentistas catalanes, encabezados por el mismísimo Jordi Pujol, tienen que haber brindado con su mejor cava.

Quizá no lo recuerden, pero el origen de la alta inmigración musulmana en Cataluña data de tiempos de Pujol. Él llegó a la conclusión de que la inmigración era necesaria. Pero para una Cataluña independiente, no podían traer inmigrantes hispanohablantes. Así que era mejor traer inmigrantes del Magreb o incluso pakistaníes de los que hay 63.000 en Cataluña de los que 25.000 están en Barcelona. La clave era que no hablasen castellano, aunque hubiera que comunicarse con ellos por gestos. El Gobierno va a superar el problema de la gesticulación y la preocupación de Jordi Pujol. A todos los inmigrantes que hay en Cataluña y que no hablan español ni catalán les vamos a enseñar, pagados con nuestros impuestos, esos que abonamos ayer a primera hora de la mañana, catalán para que se integren allí. Y sólo allí, no vaya a ser que descubran que hablando español pueden moverse más. Vade retro, Satana.

A estas alturas Pujol debe estar muy preocupado con el auge xenófobo que han generado sus políticas de atracción a inmigrantes de otras culturas. No hay más que ver el auge de Alianza Catalana que se está comiendo a Junts por los tobillos. Así que Pujol el pasado sábado en el congreso de las juventudes de Junts y a sus 96 años hizo que le leyesen un discurso en el que reclama que la fuerza de Cataluña nunca ha radicado en la «uniformidad», sino en la «capacidad de integrar, de sumar, de hacer sentirse partícipes a personas muy diferentes».

O sea, que el independentismo catalán se ha dado cuenta de lo que es jugar con la inmigración. Y sospecho que el PSOE, convertido hogaño en la extrema izquierda española, también se dará cuenta de a dónde han ido.