Teodoro León Gross-ABC

  • El PP debe aportar certidumbre y claridad, no un juego de poli bueno y poli malo, en el que uno blanquee a Junts mientras el líder del PP en Cataluña pone pie en pared

El Partido Popular debería andarse con tiento, porque el sanchismo es una concepción inmoral de la política sin duda contagiosa. Un hantavirus que silenciosamente puede provocar una epidemia. Estos días ha dicho Tellado sobre un acercamiento a Junts: «Estamos en el año 2026 y lo que sucedió en Cataluña en 2017 sucedió en 2017. No se esperará que sigamos pensando exactamente lo mismo, hoy el contexto es otro». Sí, el contexto es otro, pero no hay ningún motivo para no seguir pensando lo mismo: aquello fue un golpe contra el orden constitucional del que los secesionistas nunca se han arrepentido, sobre todo después de lograr comprarle al sanchismo indultos y finalmente una amnistía sin abandonar el relato del ‘lawfare’. Eso era lo que cabía pensar en 2017 y es lo mismo que cabe pensar en 2026. Y por supuesto se espera del PP que siga pensando lo mismo.

Con el 2017 no hay atajos como no los hay, o no debería haberlos, con ETA. Si el sanchismo mercadea con el nacionalismo vasco sacando etarras sanguinarios por la puerta de atrás, no cabe decir «Estamos en el año 2026 y lo que sucedió en el País Vasco hasta 2012 sucedió hasta 2012. No se esperará que sigamos pensando exactamente lo mismo, hoy el contexto es otro». Deberían copiar mil veces: no caben atajos. No es aceptable el mensaje del PP de mirar para otro lado: «la amenaza hoy para la democracia española no es un movimiento secesionista… es la permanencia en el Gobierno de España de una especie de organización criminal». Como si hubiera que elegir. Se trata de dos amenazas complementarias, y, de hecho, conjuntas: el sanchismo asaltó el poder apoyándose en el independentismo, tras reiterar que nunca lo haría, y desde entonces les ha dado indultos, el Código Penal, el BOE y hasta la amnistía para comprar sus votos. Y ellos no han variado su proyecto, que de momento no puede sacar a Cataluña de España pero sí sacar a España de Cataluña. En eso están con la colaboración del PSOE.

No hay que confundir una ‘realpolitik’ con el relativismo moral. Un giro pragmático tiene sentido, pero no a cualquier precio. Eso sería muy sanchista. El PP debe aportar certidumbre y claridad, no un juego de poli bueno y poli malo, en el que uno blanquee a Junts mientras el líder del PP en Cataluña pone pie en pared: «Quien continúa diciendo que haría lo mismo es Junts y ahora resulta que tenemos que cambiar nosotros. Estamos donde hemos estado siempre». Para rematar con buen criterio: «Si no pusiéramos límites morales, seríamos sanchistas». En efecto, Sánchez se vendió a Waterloo para lograr el poder y el PP no puede tantear esa vía para disputárselo. Génova ya cometió demasiados errores en el procés, y a menos de un año de las elecciones no tiene que pasar por caja con un cheque en blanco. No se sale indemne de jugar a nuevos mejores amigos de Puigdemont.