Rosa Belmonte-El Correo
- Me parece tan grave no saber quién fue Pinito del Oro como no conocer la utilización que de José Antonio Primo de Rivera hizo Franco
En una de las paredes exteriores de la catedral de Murcia se ve la inscripción «JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA. ¡PRESENTE!». Es muy discreta. Un nombre y una palabra esculpidos. En la catedral de Granada hay un yugo y unas flechas y el nombre del fundador de la Falange se ve más. La Ley de Memoria Democrática, además de una disposición adicional mal llamada ley de nietos, tiene un catálogo de símbolos y elementos contrarios a esa memoria. El Ministerio ha ordenado la retirada de la inscripción. El Obispado tiene tres meses. El de Almería ha pedido instrucciones técnicas a la hora de intervenir un Bien de Interés Cultural. Pese a algunas bondades de la ley, resulta sorprendente que en el siglo XXI nuestra sociedad no haya madurado desde la ‘damnatio memoriae’ de Roma. Borrar la Historia es una actitud ceporra. Y rencorosa. Me parece tan grave no saber quién fue Pinito del Oro como no conocer la utilización que de José Antonio hizo Franco.