- No ya solo es la inacción y la corrupción galopantes, son también las boberías sectarias, del pelaje de las que acaba de soltar la ministra de Igualdad
No es ya solo que chapoteen en una pocilga de corrupción, con aberraciones de satrapía bananera como negarse a echar a una directora de la Guardia Civil que está imputada por guerra sucia contra el propio cuerpo que dirige. No es ya solo que no hagan nada de nada, empezando por los Presupuestos. No es ya solo que estén en el banquillo hasta la mujer y el hermano del presidente y que el ministro del Interior salga a mentir por comparecencia. Además de todo ese estercolero tenemos que soportar las boberías sectarias de cada día.
La última viene de la ministra de Igualdad (cuyo ministerio ideológico en realidad no debería existir). Víctima de un ataque de charismo exaltado, Ana Redondo se ha venido arriba y ha proclamado que hombres y mujeres «son dos especies distintas que no tienen mucho que ver». De paso nos ha insultado un poco a los hombres, fiel a su tónica, presentándonos como una especie de mandriles que tenemos «que evolucionar» y carecemos de emociones.
Ya metida en danza, ha mostrado sus dotes de antropóloga y ha explicado que en la prehistoria hombres y mujeres desempeñaban exactamente los mismos roles. Lo que pasa es que luego llegó la fatídica religión y provocó «la globalización del machismo». Otra parida más de la ministra, pues los estudiosos enseñan que en esas sociedades cazadoras-recolectoras por lo general eran los varones los que salían de caza, mientras que las hembras se dedicaban al forrajeo.
Pero más que hablar de las sandeces en sí, vale la pena comentar el perfil de la persona que las ha proferido, porque esta señora no es una indocumentada que jamás había dado palo al agua, como era el caso de Irene y su compi Ione.
La charo-ministra Ana María del Carmen Redondo, reconocible por sus llamativos pendientes de plumas, es una militante vallisoletana del PSOE, que sustituyó en 2023 a la inenarrable choni-ministra Irene Montero. Se trata de una persona ya añosa, de 59 tacos. Además, no es una iletrada, sino todo lo contrario: es doctora en Derecho Constitucional y ha sido profesora universitaria, amén de diputada autonómica.
Por supuesto su vida privada nada tiene que ver con lo que predica en público, como es habitual en los jerarcas del régimen sanchista. Resulta que Ana María está casada con uno de esos simios carentes de capacidad emotiva que denuncia, que para más señas es juez. La ministra y el magistrado se han apareado y han tenido dos hijas, algo biológicamente prodigioso, toda vez que la señora Redondo ya ha dejado claro que ella y su marido son «especies diferentes», algo así como si un ornitorrinco y una gacela compartiesen alcoba.
Ana Redondo es una profesora bien preparada, de cómoda clase media y gustos y apariencia perfectamente burgueses. Entonces, ¿por qué suelta semejantes disparates? Pues porque esta gente sigue pensando que está en boga un ‘wokismo’ de salón que en realidad ya anda de capa caída por todo Occidente.
Admirable Ana María, tómate una valeriana, relájate y déjanos tranquilos a los orangutanes. Ya de paso, respeta a las mujeres, a las que desprecias presentándolas como unas pobres víctimas que necesitan de las muletas doctrinarias del PSOE y de Papito Sánchez para valerse. Y si quieres ponerte feminista, pues lo tienes fácil. Puedes empezar por poner verde al que se beneficiaba de los vapores de su suegro, soltó a mil violadores de mujeres, nombró y mantuvo a ministros putañeros, colocó como asesor en la Moncloa a un amiguete que acosaba a las empleadas, enchufó a su mujer en la Complutense al más puro estilo machista… Se rumorea que el personaje atiende por P.S. Yo no sé quién será. Pero igual tú sí. Cuídate y nos vas contando…