- Que desde el Gobierno de la nación se haga una promoción de un modelo de sociedad que muchos españoles, probablemente la mayoría, no compartimos me parece una ofensa. Porque el Gobierno de España debe ser el de todos los españoles. No el de un sector
Tengo la suerte de no haber pasado en Madrid los días del orgullo homosexual. Pero sí he visto algunas noticias al respecto y antes de salir ya vi las fachadas de los ministerios cubiertas con la bandera del arcoíris.
Esto se ha completado con que en el fin de semana esa bandera ha compartido protagonismo en la Moncloa con la bandera nacional. Y les confieso que eso es una cosa que me molesta profundamente. Porque esa bandera representa unas ideas, actitudes y visiones de la sociedad que no compartimos todos los españoles. Yo respeto que cada uno viva en privado la vida que tenga por conveniente. Pero que desde el Gobierno de la nación se haga una promoción de un modelo de sociedad que muchos españoles, probablemente la mayoría, no compartimos, me parece una ofensa. Porque el Gobierno de España debe ser el de todos los españoles. No el de un sector.
Ya sabemos que uno de los deportes que más une a nacionalistas y pseudoprogresistas es el de incumplir la ley de banderas. La ley que establece que en todos los edificios de instituciones oficiales debe ondear la bandera nacional con prioridad a otras banderas que pueden acompañarla: la bandera autonómica, la municipal o la bandera de Europa.
En estos días que estoy navegando por el golfo de Hisarönü (o de Doris) y la bandera turca o la griega se ven con solo ojear el horizonte. Siempre en solitario. Y estoy aprovechando para leer una obra magnífica de mi compañera en las páginas de Opinión de El Debate y amiga de muchos años, Edurne Uriarte. Edurne acaba de publicar en Sekotia La batalla de las palabras para una nueva derecha. Quien domina las palabras domina las ideas. En este libro tiene un capítulo titulado Banderas y subtitulado «Esa banderita que usted lleva». Edurne reivindica el orgullo de la bandera nacional y denuncia el desprecio que dedican a la ley de banderas este gobierno y los nacionalistas e independentistas, a los que nadie exige el cumplimiento de la ley. Pero imagínense lo que ocurriría si de repente un día un alcalde de una localidad vasca o catalana se atreviera a ondear la bandera nacional y no las banderas de esas comunidades autónomas. Los más moderados de esas comunidades empezarían por pedir un pelotón de fusilamiento. Y si eso, después, ya hablaríamos de qué más hay que hacer.
El capítulo tiene un epígrafe titulado «Las banderitas y las pulseritas» empleando los términos despectivos que usan los izquierdistas para referirse a las pulseras con la bandera nacional o con sus colores que algunos usamos y que El Debate acaba de poner a la venta como promoción de marca. Nos recuerda Edurne una entrevista con Víctor Manuel en 2018 en la que decía que «No necesito ver la (bandera) española ni colgármela en una pulserita para sentirme de aquí (…) Seguramente llevan la banderita anudada hasta en el capullo, pero se la vemos en las corbatas, en los collares de los perros, en pulseritas… Toda esa cosa de banderas es algo que detesto».
Yo le diría a Víctor Manuel que, después de leer sus declaraciones, ya imagino dónde se anuda él la bandera republicana, porque cree el ladrón que todos son de su condición. Como todos los progresistas, Víctor Manuel y todos sus compañeros de izquierdas se pliegan desde hace décadas a la voluntad del independentismo. El único momento en que han intentado disimular esto fue cuando el Gobierno de Zapatero hizo las primeras grandes concesiones a Cataluña y su nuevo estatuto más independentista que el anterior. E intentó difuminar su posición poniendo una coletilla en todos los anuncios de televisión de todos los ministerios que terminaban con un «Gobierno de España» escrito sobre la bandera nacional.
No. Llevar la bandera nacional sólo es una manifestación de amar a tu país. No implica ser nacionalista. Yo llevo en mi muñeca derecha una cinta de El Debate con la bandera de España y una pulsera con los colores de la bandera de Colombia. Ser nacionalista de dos países a la vez es metafísicamente imposible, claro. Hace unos meses, en un acto en una institución madrileña, un tonto me preguntó si la cinta con los colores de la bandera de Colombia eran los colores de la bandera republicana. En su sectarismo, no dan para más.