Pablo Martínez Zarracina-El Correo
ELA solo negociará convenios colectivos en euskera
Tras las vacaciones, ELA utilizará exclusivamente el euskera en la negociación colectiva. Lo anunció ayer el responsable de euskera y negociación colectiva del sindicato, quien, como se ve, no solo se ocupa estrictamente de su cometido, sino que lo hace en el orden adecuado, esquivando la tentación de que, tras las vacaciones, toda negociación colectiva se ocupe exclusivamente del euskera. En lo tocante al idioma negociador, los motivos de ELA tienen que ver con desobedecer la imposición del castellano, combatir la opresión lingüística «equiparable a la de género, clase o raza» y también la «castellanización» del mundo laboral. Cabe la posibilidad de que en ELA dispongan de un responsable de euskera y morfología derivativa porque el sindicato está consiguiendo trasladar ‘euskarafobia’ a novedosas categorías gramaticales. De ese modo ya tenemos «agentes euskarafobos» y todo apunta a que pronto tendremos gente que actúa euskarafóbicamente.
Por ejemplo, los representantes empresariales que no sean competentes lingüísticamente en euskera y el Consejo de Relaciones Laborales si no se equipa con servicios de traducción de nivel parlamentario. La idea de ELA es garantizar el derecho a negociar en euskera, consecuencia natural del derecho a vivir en euskera. Insisto en que no se presta suficiente atención a la evidencia de que al final van a ser los AirPods y la inteligencia artificial los que nos faciliten el derecho asombroso subyacente en todo esto: que se te entienda en una lengua que tu interlocutor no domina. Mientras tanto, a LAB la postura de ELA le parece interesante. En UGT, en cambio, llaman a no utilizar el euskera para levantar trincheras. Tampoco, imagino, para cavarlas. CC OO habla de una posición ajena a la realidad, pero a estos ya hubo que echarlos de la Korrika por comportarse, voy practicando, euskarafóbicamente. Los empresarios, que son los aludidos, no dicen gran cosa. Y luego hablan de absentismo. A ELA hay que reconocerle la lógica en su cruzada idiomática. Tras transformar la función pública en una versión convenientemente corregida de la sociedad, lo que hay que hacer es aplicar el modelo virtuoso a la sociedad, para corregirla. Además de un experimento social, es un empeño disparatado. Por razones obvias relacionadas con la distancia entre el euskera y el español, en el País Vasco el paso del bilingüismo simétrico al cooficialismo asimétrico va a salir incluso peor que en Cataluña. Como estamos viendo ya con los consensos de las últimas décadas, terminarán rompiéndose cosas.
VOX
Corazón partido
Puestos a elegir entre Giorgia Meloni y Donald Trump, en Vox se quedan con Meloni. Pepa Millán dijo ayer que la italiana es el modelo a seguir «para recuperar Occidente». Y Santiago Abascal definió como «absolutamente inaceptables» los ataques de Trump contra la italiana. «Sería bueno que los aliados se viesen como aliados y no como vasallos», añadió el líder de Vox, aunque tampoco quiso excederse y definió extrañamente lo de Meloni y Trump como «las cosas de corazón de la política internacional». De modo que, al final, no han sido los aranceles arbitrarios o los ataques a la patria -hace solo unos días Trump se burlaba del desempeño español en la pérdida de las colonias-, sino las cosas del corazón lo que han conseguido que el gran partido nacionalista español le ponga alguna objeción al inquilino de la Casa Blanca. Lo más probable es por supuesto que el giro de Vox no tenga que ver con ningún principio sino con la creciente toxicidad electoral del presidente de los Estados Unidos. El alejamiento de Vox, por más circunstancial que sea, hace pensar en alteraciones en el contador Geiger de lo indefendible. Hace un año Trump era para Abascal «un compañero de armas en la batalla por el bien, la verdad y la belleza, en la batalla por el sentido común, en la batalla por la libertad». Ni siquiera la avalancha de pleitesía ocultaba el disparate. Vas a dar la batalla por el sentido común y eliges al hombre grande y rubio que va maquillado y ahora se ha puesto a bailar quieto en el sitio, moviendo los puños y diciendo que sí con la cabeza.