- El PSOE la trató mal en vida; una tercera parte de sus diputados votaron en contra del sufragio femenino que ella defendió, y el líder socialista Indalecio Prieto, uno de los organizadores del levantamiento armado contra la República de octubre del 34, llamó al voto femenino «puñalada a la República»
El primer sufragio femenino (activo y pasivo) en España se remonta a 1924, y lo introdujo José Calvo Sotelo en las elecciones municipales. No era aún universal: alcanzaba a las mujeres emancipadas, a las solteras y a las viudas (cabezas de familia). La universalidad llegó, como es comúnmente sabido por la apropiación indebida del PSOE, gracias a la radical Clara Campoamor. Lo de radical es por el partido de Lerroux, del que se iría. Así pues, no era del PSOE, como tratan de colarnos (¡como incluso creen!) los ágrafos de la banda de Sánchez, menos familiarizados con la lectura cuanto más vinculados a la cultura. Gracias a la correspondencia recopilada en Letra de mujer por Beatriz Ledesma, sabemos desde hace un mes y medio que Clara Campoamor deseaba, al año de estallar la Guerra Civil, el triunfo de Franco. No lo deseaba sin más: lo deseaba ardientemente.
No sé cómo manejarán esto los socialistas cuando se enteren dentro de veinte años, que es más o menos el tiempo necesario para que un hallazgo histórico llegue a la barra del bar. El libro es algo misterioso para ellos; se nota en sus campañas para promocionar la lectura, puro fetichismo del objeto libro que jamás saldría de personas leídas. Como fuere, el día llegará, y si el PSOE existe dentro de veinte años, Dios no lo quiera, el de la barra del bar les enseñará una pantalla real o no, dependiendo del estado de la tecnología en 2046, y verán esta cita: «Yo, que no puedo ideológicamente, como usted sabe muy bien, aceptar una tesis fascista, le digo a usted, a quien debo todas las sinceridades, que deseo ardientemente el triunfo de Franco sobre los gubernamentales, como única posibilidad de evitar el derrumbamiento de España. Pero ¡a qué precio!» (Carta a Paulina Luisi, 26 de julio de 1937).
Debemos a la vasta ignorancia histórica de Sánchez y su banda que Clara Campoamor no haya sido condenada a damnatio memoriae, con destrucción de bustos, cartelería, eliminación de su nombre de los libros de texto, etc. El PSOE la trató mal en vida; una tercera parte de sus diputados votaron en contra del sufragio femenino que ella defendió, y el líder socialista Indalecio Prieto, uno de los organizadores del levantamiento armado contra la República de octubre del 34, llamó al voto femenino «puñalada a la República». Lo suyo serían caricias. La izquierda contraria al sufragio femenino (o sea, al sufragio universal) argumentaba que las mujeres votarían lo que mandara su confesor. Una vez muerta, han tratado mejor a Clara Campoamor porque la tentación de apropiarse de su logro era irresistible. Sigamos recordando a esa mujer asombrosa, elocuente y liberal (que es lo que era) hasta que los socialistas se den por enterados de su ardiente deseo del triunfo de Franco cuando todavía faltaban dos años para el fin de la guerra. Porque entonces desaparecerá. Salvo que ellos hayan desaparecido antes, para bien de España y de la verdad.