Miquel Escudero-El Correo

  • Unión Liberal fue un partido reformista y pragmático y llegó a gobernar unos años

Les invito a echar una ojeada a la historia para reflexionar acerca de nuestra situación presente y de nuestras posibilidades de futuro. Vayamos a finales de 1854, el historiador Cánovas del Castillo tiene 26 años y es diputado; lo es por Unión Liberal: un partido recién formado que, a pesar de no estar consolidado, acaba de obtener numerosos diputados. Es inteligente y culto, no es un buen orador y es, más bien, un hombre nervioso. Se dirige a las Cortes desde la tribuna. Entre las palabras que acaba de pronunciar escojo estas: «Aquí hay un partido republicano y otro reaccionario; formemos nosotros un tercer partido constitucional. Este tercer partido que no tiene recuerdos, que no se sabe de dónde viene, pero se sabe a dónde va…; que va a la libertad y al orden, que no va a nada de lo que ha pasado; este partido, reclamado por las circunstancias, no diré que ya está formado, pero sí que pronto, muy pronto, lo estará». Es un párrafo que resulta extrañamente actual y del que iremos sacando jugo.

Unión Liberal fue un partido reformista y pragmático y llegó a gobernar unos años. Su capacidad de ceder en lo accesorio, gracias a su rechazo al absolutismo y a su afán de lograr concordia y estabilidad, lo alejó de las exclusiones doctrinales y facilitó que aglutinase fuerzas. El encanto de este tercer partido: no se sabe de dónde viene y se sabe a dónde va.

En 1874, veinte años después, aquel partido desapareció a causa de sus querellas internas y por alejarse de su razón de ser. Cánovas se pasó al sistema de alternancia de dos partidos, en la idea de que el hundimiento de la oposición era tan indeseable como el de su propio partido.