Editorial-El Debate
  • La tercera sentencia del entorno personal y político del presidente hace inviable su continuidad

La Audiencia Provincial de Badajoz ha condenado a nueve años de inhabilitación a David Sánchez por prevaricación, al considerar demostrado lo que ya era evidente: que el PSOE creó una plaza para el hermano del presidente, que lo hizo según los gustos del beneficiario, que dañó al resto de aspirantes y a los contribuyentes y que además se hizo sin que el sentenciado al menos la ejerciera, en un caso de absentismo laboral escandaloso y agravado por su empadronamiento en Portugal para pagar menos impuestos.

El pequeño de los Sánchez solo se libra de entrar en prisión porque el tribunal ha considerado verosímil el delito de tráfico de influencias, pero no ha podido documentar quién exactamente lo cometió para llegar al objetivo. Esto es, que al «hermanísimo» lo colocaran en la Diputación con un traje a medida, un boato llamativo y, eso sí, unas exigencias mínimas.

La condena aún mayor al presidente socialista de la Diputación, Miguel Gallardo, inhabilitado para 18 años, consolida la evidencia de que, más allá de las circunstancias penales del caso, estamos ante un señalamiento personal al propio Pedro Sánchez, que es a quien se ayudó con ese regalo a su hermano.

Es la tercera condena a su entorno político y familiar más íntimo y, junto a las de Ábalos y del fiscal general del Estado, retratan una época nefanda y una sucia manera de entender la política, la habitual en Pedro Sánchez.

Que lejos de pedir perdón y dimitir, Sánchez haya movilizado al gobierno, al PSOE y a sus socios en la campaña de descrédito del fallo judicial, cargándole unas intenciones políticas de derribo, es inaceptable. Porque a la vergüenza de la ristra de sentencias firmes o próximas, se le añade el delirante pulso al Estado de derecho, acusado de conspirar por los propios delincuentes.

El caso de David Sánchez coincide además con el previsible fracaso del gobierno en el primer paso de los nuevos Presupuestos y con un nuevo oficio de la UCO que demuestra la financiación de una abyecta cloaca desde el PSOE, entre otras cosas para derribar a la instructora del caso ahora saldado con condena. Todo ello no solo hace de Sánchez un presidente indigno: también le convierte en un peligro para la democracia y, quizá, en aspirante al banquillo.