Ignacio Camacho-ABC

  • Qué malpensado podría concluir que el mismo veredicto en casos tan distintos refleje el arraigo de un modelo de poder ilegítimo

Una condena de inhabilitación, aunque sea por nueve años, no debe de importar demasiado a un hombre que ni sabía señalar dónde estaba su puesto de trabajo ni se caracterizaba por su entrega a la hora de desempeñarlo. Pero a los miembros del Gobierno de España les parece un atropello que un tribunal enjuicie y sentencie al hermano del presidente por obtener y ocupar de forma irregular una plaza de funcionario. Veredicto leve y hasta considerado; aprecia nepotismo pero descarta el tráfico de influencias –y con él la pena de prisión– y desestima el agravante de las pésimas composiciones musicales del procesado. Mejor así, aunque sea por motivos prácticos; si hubiese que encarcelar a todos los enchufados faltarían establecimientos penitenciarios.

Otra primera vez de Sánchez: nunca antes había sido condenado un familiar directo del jefe del Ejecutivo. Lleva tres veredictos adversos seguidos –el fiscal del Estado, Ábalos y el ‘hermanísimo’– con su esposa todavía pendiente de juicio. Y faltan por desfilar en el banquillo los fontaneros de la cloaca, Zapatero, la directora de la Guardia Civil y el propio partido como ente jurídico. La flor y nata del progresismo. Ésta es la prueba de la conspiración, según los ministros, la evidencia de que el poder judicial al completo se ha convertido en su enemigo. Cómo podría alguien pensar que la coincidencia de tantos magistrados en casos tan distintos pueda obedecer a que en el entorno presidencial haya arraigado un modelo de poder ilegítimo.

Todos inocentes –bueno, Ábalos quizá un poco menos–, víctimas de una campaña concertada de hostigamiento que busca derribar a Pedro por cualquier método. Literalmente no hay Derecho. Pero van aviados los ropones y sus cómplices ultras si creen que el acoso va a tener algún efecto que no sea el de reforzar la resistencia con voluntad más firme y mayor denuedo. Todavía está por ver que si no prosperan los recursos dé tiempo a indultarlos por decreto. O que David, el Barenboim de Elvas cuyo talento no han podido disfrutar los pacenses, acabe contratado en el Auditorio Nacional para un ciclo de conciertos junto a Zokolov, Argerich, Zimerman y otros maestros. De qué sirve el poder si no es para eso.

Si es que esta gentuza no ha sido capaz siquiera de apreciar la delicadeza de haberle procurado al genio de las chirimoyas una colocación tan modesta. Pudiendo darle una dirección general en Cultura o entregarle el podio de una gran orquesta lo mandaron a la fantasmal Oficina de Artes Escénicas de una Diputación extremeña. Así no actúa un autócrata henchido de soberbia, como pinta al P*** Amo la propaganda de la extrema derecha. He ahí un detalle de humildad, de recato incluso, que la conjura togada no ha tenido en cuenta en su ensañamiento contra una persona digna y honesta. La próxima vez, si las urnas lo permiten, se acabó la benevolencia: habrá bicocas por todo lo alto para la parentela. Embajadas en capitales europeas, cargos de relumbrón, sillones de grandes empresas. Fuera caretas.