Gabriel Sanz-Vozpópuli

  • Ha bastado el pase a la final del Mundial de fútbol para demostrarnos que el ‘duelo a garrotazos’ de Goya es historia

Con los relatos falsos ocurre como con la mayonesa, que se corta a poco que la falta de destreza del cocinero haga de las suyas. Y eso ocurre con la supuesta polarización de la sociedad española a apropósito de la tensión política, que tiene un origen muy claro: la acumulación de casos judiciales en el final de ciclo de este Gobierno.

Nada nuevo bajo el sol en la vieja España, con un Rey (Emérito) en el destierro por sus golferías, un ministro del interior del PP, Jorge Fernández Díaz, en el banquillo por dedicar a la Policía a borrar pruebas incriminatorias del caso Kitchen; esa misma España que hace treinta años ya vio caer al Gobierno de Felipe González por una corrupción galopante que incluía al todopoderoso director de la Guardia Civil de entonces, Luis Roldán, huido por corrupto y a un gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, encarcelado por lucrarse con información privilegiada.

Y entonces también se hablaba desde las termínales del poder socialista, ojo, de “crispación insoportable” (sic) para no tener que hablar del hedor insoportable de las alcantarillas, como ahora. Pero vayamos a lo concreto, a desmentir la supuesta “polarización insoportable” que venido a sustituir a aquella “crispación”.

El fútbol al rescate

La casualidad ha querido que el pase de la selección española de fútbol a su segunda final de un Mundial, trae un inolvidable partido contra la Francia de Kilian Mbappé, ocurriera apenas unas horas después de la condena a nueve años de inhabilitación a David Sánchez Pérez-Castejón, hermano del presidente, y a su enchufador, el ex presidente de la Diputación de Badajoz Miguel Ángel Gallardo.

De pronto, la hiperventilación del PSOE y la izquierda contra el “golpismo” (sic) de tres jueces que habrían actuado tal que aquellos espías durmientes soviéticos en las películas esperando de José María Aznar diera la señal: “El que pueda hacer que haga” para derribar a Pedro Sánchez; de pronto, digo, toda esa dramática división patria dio paso a un nocturno estallido de júbilo, abrazos y lágrimas en las calles mientras se oía en el vecindario donde convivimos gente de toda ideología y condición un rugir indescriptible cuando Mikel Oyarzabal marcó el penalti y Pedro Porro hizo lo imposible.

¿Cómo es posible, insisto, que, en cuestión de horas, se diluyera la sobreactuada alerta antifascista decretada contra tres jueces de la Audiencia Provincial de Badajoz en respuesta a su afrenta contra el hermano del presidente por el delito de no ir a trabajar a un puesto de trabajo que la Diputación creó “a medida” (sic)?

Una polarización ficticia

¿Cómo -sigo-, tras haber conseguido elevar a categoría de afrenta a la humanidad esa maldita frase de Mariano Rajoy, según la cual, Francia juega “sin franceses”…. blancos,  resulta que ahora fuese y no hubo nada, que dice el clásico? ¿Cómo puede ser que nuestro “racista” de Pontevedra, motivo hasta de una disculpa en persona de Pedro Sánchez a Emmanuel Macron nada más llegar el presidente a París para asistir a la conmemoración de su 14 de julio, fiesta nacional, ya solo sea carne de memes, un simple metepatas de Pontevedra, el cuñado con retranca gallega de barra de bar?

Muy sencillo, porque España, abrumadoramente sabe distinguir lo crucial de lo accesorio, sabe distinguir el comentario muy desafortunado de un ex presidente del Mein Kampf hitleriano y dista mucho de estar polarizada entres sus gentes; solo lo está la élite política y por un objetivo concreto y muy obsceno, demasiado obsceno diría yo para tan alto precio: ganar las elecciones.

Es una ficción interesada que emana de este PSOE para ocultar el negro futuro que le espera, en lo judicial y en lo político. Una ficción, ojo, que el PP de Alberto Núñez Feijoo acepta implícitamente porque también le conviene para mantener, en el otro lado, prietas las filas hasta abrir las urnas y ver que suma con Vox para desalojar al inquilino de La Moncloa. Ni más ni menos. Es, y cada vez se nota más, una maniobra a la desesperada del Gobierno para mantener viva la idea de las dos Españas irreconciliables, a ver si así el descalabro que barruntan el presidente y su núcleo duro tras las recientes debacles en las urnas de Extremadura, Aragón y, sobre todo, Andalucía, no se convierte en profecía autocumplida.

‘Electrificar’ el muro

Comenta Ignacio Varela, consultor político y viejo conocedor de las entretelas socialistas desde los tiempos de Felipe González, que esa es la única opción política que le queda a Pedro Sánchez para lograr una derrota dulce en los próximos comicios, ni siquiera para permanecer en La Moncloa: “Electrificar el muro” antifascista que construyó en su investidura, allá por noviembre de 2023.

El presidente, según esa tesis, sabe que su victoria ya es imposible porque, a diferencia de lo que ocurrió en las elecciones de julio 2023, cuando se dio un empate entre los bloques de izquierda y derecha que desempató el independentismo reeligiendo presidente a Pedro Sánchez, hoy el bloque de la derecha tiene 2,5 millones de votos más, según todas las encuestas (el CIS ya no lo es).

Eso explica el intento de “electrificación” política y social, que tiene un objetivo muy determinado: impedir emocionalmente que entre medio millón o un millón de votantes del PSOE por su derecha se pasen a la abstención o, en el peor de los casos, al PP: “Convertir en una traición a su propia biografía cualquier apoyo directo o indirecto de ese ex votante socialista a Feijóo”… Si non é vero, é ven trovatto.