Miquel Giménez-Vozpópuli

  • Hagamos un homenaje monstruo en el Camp Nou en su honor, démosle al prófugo lo que pida

Leo que el de Bruselas igual va a volver. Como estamos acostumbrados a ver cómo el culpable se sale de rositas -véanse los de los ERE, unos santos varones, o el mismo hermanísimo, al que no se le obliga a devolver los ingresos que obtuvo– no vendrá de aquí. España es un país raro en el que al que delinque se le acaba mitificando: bandoleros como José María El Tempranillo o Curro Jiménez. Los hijos de la Gran Bretaña también han elevado a los altares de la fama a salteadores como Robin Hood y Dick Turpin o piratas como Drake. Pero en el celtíbero panorama ese considerar al que dice “¡la bolsa o la vida!” es más frecuente y en Cataluña, más española que ningún otro sitio, el respeto al que se lo lleva crudo es religión. Vean a Pujol, que después del imperio del tres por ciento ni siquiera juzgado.

No me extrañaría que Puigdemont retorne a la tierra del pa amb tomàquet. En materia de justicia y separatismo Europa ya nos tiene acostumbrados a mirar a con ojitos a los de la estelada. Algún día deberá explicarse a qué se debe el misterio, solo digno para iniciados. Sea como fuere, no todo ha de ser malo porque la vuelta del “exiliado” cambiaría la política catalana. Un Puigdemont libre, activo y combativo –porque vendrá con gana de montar el pollo– aglutinaría a mucha gente separatista que anda como vaca sin cencerro, porque ni Junts es Convergencia ni Nogueras Cocomocho. Los herederos de Pujol se verían crecidos gracias a la vitamina del presidente “exiliado”, que eso vende. Aquí, que quien corta el bacalao –remenar les cireres, decimos en vernácula- se haga la víctima, el pobre, el agredido por España, el perseguido y el miserias da unos resultados increíbles.

Los galones del forajido

De esta manera, si hasta ahora todo parecía indicar que Silvia Orriols y su Aliança Catalana iban a llevarse el trozo del pastel que pertenecía a los neoconvergentes y no existía candidato separata que pudiera enfrentarse a ella con éxito en un debate, con el mejillonero conspicuo la cosa cambia. Porque Puigdemont puede exhibir galones de los que carece Orriols: proclamó la independencia, tuvo que escapar de las garras de policía española, tuvo que exiliarse en Bruselas, ha sido perseguido por tierra, mar y aire estos años, ha tenido que capear desde fuera todas las marejadas que ha padecido el mundo estelado, ha conseguido la amnistía, que el resto de golpistas estén en libertad, que no se haya producido otro 155 mucho más severo y que las cosas, aun no siendo las mismas, continúen igual. Además, tiene tratamiento de Molt Honorable dado que, según su tesis, es el verdadero presidente de Cataluña.

No dudo que Orriols tendrá argumentos que oponer pero no me negarán que enfrentarse a ese muro sea fácil. Así pues, de perdidos al río: indemnicemos a Puigdemont, pidámosle perdón del rey abajo, hagamos un homenaje monstruo en el Camp Nou en su honor, démosle lo que pida aunque sea la independencia que, total, nunca la ha querido, y aquí paz y después estelada. Total, los constitucionalistas catalanes ya lo hemos visto casi todo y bien que se ha cuidado el PSC de cortarnos las alas, y a los amantes de la república catalana todo eso les parecerá de rechupete. Y a vivir, que son dos días y uno llueve.