Xabier Garmendia-El Correo

  • El Gobierno vasco ve «incompatibles con la convivencia» los ataques a aficionados de España antes y después de la final

Las agresiones y el hostigamiento que aficionados de España padecieron el domingo con motivo de la final del Mundial de fútbol devolvieron ayer, una vez más, a la política vasca a esa dinámica tantas veces vista de las mociones de condena sin unanimidad y los comunicados con requiebros léxicos o argumentales. En líneas generales, las principales instituciones públicas y partidos censuraron los ataques violentos registrados en varios puntos de Euskadi, aunque a partir de ahí cada agente hizo su interpretación de los hechos y, en el caso del nacionalismo, tanto el PNV como EH Bildu -cada uno empleando sus propios términos- ligaron ese rechazo con la reivindicación de la oficialidad de la selección vasca.

El partido contra Argentina que convirtió a España en bicampeona del mundo tuvo un amplio seguimiento en Euskadi con un 83,6% de cuota de pantalla en televisión y la instalación de pantallas gigantes tanto en las tres capitales como en otras localidades a iniciativa de los ayuntamientos salvo en el caso de Bilbao, donde lo hizo el PP. Sin embargo, lo que para muchos debía ser una celebración deportiva fue la excusa de otros para amedrentar, insultar e incluso agredir por motivos ideológicos. El balance de la noche, según cuantificó la Ertzaintza, arrojó un total de cuatro detenidos, siete investigados y más de una veintena de identificados a lo largo y ancho de la comunidad autónoma.

Los múltiples episodios de violencia e intimidación, fundamentalmente concentrados en Bilbao y Vitoria, fueron respondidos ayer con rotundidad por parte del Gobierno vasco, principal responsable de los operativos de seguridad de la víspera. El Gabinete de Imanol Pradales expresó su «condena» por las agresiones, «comportamientos incompatibles con los valores de respeto y convivencia que definen a nuestro país». También trasladó su solidaridad a las personas que padecieron el acoso y reiteró su compromiso «con una convivencia basada en el respeto, el civismo y el rechazo de cualquier forma de violencia».

El Gobierno central, por su parte, habló de «normalidad» en la celebración en suelo vasco del triunfo de España, aunque del mismo modo lamentó que «todavía exista una parte del nacionalismo radical intolerante que no acepta que un vasco pueda celebrar la victoria de La Roja, que sigue pensando que ser vasco es ser nacionalista y no es así». La delegada del Ejecutivo, la socialista Marisol Garmendia, agregó en declaraciones en San Sebastián que «se puede ser de cualquier manera y se puede defender a una selección con absoluta normalidad y pluralidad».

También en el plano institucional, en el estamento local, el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, dijo sentir «vergüenza ajena de quienes quisieron quebrar la convivencia en calles y plazas» y reivindicó «el respeto y el civismo» como señas de identidad de la capital vizcaína. Y en Vitoria, todos los grupos municipales salvo EH Bildu firmaron una declaración conjunta para condenar los hechos. PSE-EE, PNV, PP y Elkarrekin reafirmaron su «compromiso firme con la libertad de expresión en el marco de una sociedad democrática», en un texto al que la coalición soberanista se negó a adherirse y al que votó en contra.

«Actitudes inaceptables»

Las reacciones de los diferentes partidos estuvieron basadas en el rechazo a los altercados, aunque con diferentes enfoques. El PNV difundió un mensaje en sus redes sociales en el que mostró su «condena» a unos ataques que tachó de «actitudes intolerantes e inaceptables». El texto, en todo caso, empezaba por la reivindicación de la oficialidad de la Euskal Selekzioa. «Defenderemos siempre el derecho del equipo nacional vasco a participar en competiciones internacionales. Ésa es nuestra selección», reza el pronunciamiento, que después habla de hacerlo «siempre desde el respeto y la convivencia».

En un sentido muy parecido llegó después, a instancias de este periódico y sin difundirlo por sus canales de comunicación habituales, el mensaje de reacción de EH Bildu. En su caso sí comienza por el «rechazo» -no «condena», un término tabú en su diccionario político ante cualquier acto violento- para luego hacer un llamamiento a «defender el derecho de Euskal Herria a participar en las competiciones internacionales por vías pacíficas y democráticas». El comunicado, de hecho, es mucho más extenso en la parte dedicada a la reivindicación que a la censura de los ataques. También habla del reconocimiento nacional y del «impulso a dinámicas populares, políticas e institucionales» en ese mismo sentido.

El PSE-EE se remitió a los pronunciamientos que realizaron varios de sus representantes institucionales -entre ellos, el citado de la delegada del Gobierno-, mientras que el PP fue quien más se prodigó con la celebración de una rueda de prensa un día después de sufrir el hostigamiento de radicales en la pantalla gigante que colocó en el parque de Doña Casilda de Bilbao. El presidente de los populares vascos, Javier de Andrés, indicó que «quisieron impedir y reventar el normal desarrollo de un acto pacífico y festivo». El líder de la formación conservadora, que criticó el operativo policial, cree que los altercados vienen a demostrar que en Euskadi «hay nacionalistas a los que no les gustan los vascos» y que «recurren a la violencia para impedir que nos expresemos con naturalidad como vascos y españoles». De Andrés también se dirigió al PNV para desear que se «sacuda ese nacionalismo triste, rancio y excluyente».