Ignacio Camacho-ABC
- Para que Zapatero mediase en el rescate con éxito es menester que alguien le hiciera caso en la esfera de decisión del Gobierno
Las alegrías en la casa del pobre duran lo mismo que las distracciones en la casa del Gobierno. Aún no se había disipado la euforia futbolera, con la selección en pleno éxtasis de homenajes y festejos, cuando en un abrir y cerrar de ojos, ‘in ictu oculi’, la corrupción ya regresaba a la escaleta de los noticieros. Por una parte ha reaparecido Jésica en los juzgados, con su disfraz de vampiresa enlutada, para negarse a declarar sobre el enchufe que su protector le procuró en el ministerio; por otro lado, hasta los oídos de Zapatero empieza a llegar la perturbadora melodía del cante de su presunto testaferro. El expresidente tiene motivos para estar inquieto porque el ejemplo de Aldama con su rebaja de pena está surtiendo efecto. Sostiene por escrito Julio Martínez, ‘Julito’, que su socio medió en el rescate de Plus Ultra y cobró por ello una comisión del 1 por ciento, alrededor de quinientos mil euros. No sólo eso; la propia aerolínea, ante una inminente imputación como persona jurídica, se ofrece al juez «para aclarar los hechos».
Sucede que el referente ideológico y moral del sanchismo desmintió ante el juez y en el Senado haber ejercido ante las autoridades gubernativas la influencia que le atribuye su ¿amigo? Pero las cantidades recibidas por sus supuestos trabajos de consultoría coinciden casi exactamente con el medio ‘kilo’ que el empresario dice haberle retribuido. Y sucede también que para que las gestiones (siempre presuntas) tuvieran éxito, condición necesaria para el pago, es menester que alguien con suficiente poder de decisión les prestase oídos. Alguien, en singular o plural, capaz de acelerar una decisión del Consejo de Ministros pese a las denuncias públicas sobre la falta de adecuación de la compañía a los requisitos exigidos. Si hay en ese proceso un delito de corrupción ha de haber al menos un corruptor… y uno o varios corrompidos con necesario ascendiente en el seno del Ejecutivo y/o del ‘holding’ estatal que financió el préstamo urgente de auxilio, sobre el que pesan severas sospechas de desvío para fines ilícitos.
Fuera del sumario abierto en la Audiencia conviene ampliar la perspectiva del caso. Estamos hablando de la persona que desde hace unos años, tras una relación inicial de recíproco rechazo, ha funcionado en el entorno de Pedro Sánchez como principal asesor áulico, sin credencial ni cargo. El mentor de la alianza Frankenstein, el hombre que se echó a cuestas la campaña socialista de 2023 y contribuyó en buena medida a evitar el presentido descalabro. El que hizo de puente con Podemos y Bildu, el que negoció la amnistía y el acuerdo de investidura en Waterloo con Puigdemont y su abogado. El que logró situar al frente del Tribunal Constitucional a su antiguo fiscal del Estado. El que según Ábalos maniobró en la Moncloa para derribarlo. El desprendido dirigente retirado que guardaba un tesoro de joyas en la caja fuerte de un armario. Únanse los puntos del relato a ver si sale el dibujo de una trama de intereses muy desinteresados.