Gabriel Albiac-El Debate
  • La «mordida» de lacayo y amo no está, esta vez, punteada por zafiros y diamantes. No da náusea el mal gusto de sus brillos. Es adusto dinero. Solo. «Unos 641.300 euros». Por una gestión muy alta. Y muy discreta. Etéreo capital que fluye por opacas cañerías. No, non olet, no tiene aroma. Y en nada turbará la nube lírica que es patria de Rodríguez Zapatero. Al igual que el dinero, los ángeles son inodoros

Non olet, «no huele». Rafael Sánchez Ferlosio tituló con el tópico latino su brillante summa acerca de las virtudes del dinero. Hace –me doy súbitamente cuenta al escribirlo y me sorprendo– ya casi un cuarto de siglo. La fórmula procede de Suetonio, que narra una anécdota muy probablemente legendaria. Tito afea a su padre, el emperador Vespasiano, la grosera ocurrencia de poner un impuesto a los urinarios. El emperador toma en sus manos un puñado de monedas de oro. Lo planta bajo la nariz de su hijo. «¿Huele?», pregunta. Responde el otro: pecunia non olet, «no, el dinero no huele». «Pues es lo que gano con las letrinas». Fin de disputa.

José Luis Rodríguez Zapatero vive en la pestilencia –estética y moral– que a su nombre asocia un puñado de pedruscos, tan horteras como opulentos. Cosa de un millón trescientos mil euros, dicen los tasadores oficiales, calculando a la baja. A los de mi edad nos sacude más su traducción a las viejas pesetas de casi toda nuestra vida: unos doscientos dieciséis millones de nada (216.301.800, si mi calculadora digital no ha enloquecido). No está mal, nada mal. Casi tanto cuanto pueda merecer un emperador romano. Sólo que, éstas sí, apestan. Lo «ostentóreo» (bello hallazgo de un constructor corrupto, que merece ser consagrado por la Academia) hiere al ciudadano aún más que el tufo de las heces. Porque esa exuberancia en la ostentación del mal gusto asfixia. Y no hay manera de aventarla. «¡Olet, huele, qué asco!», hubiera sentenciado el emperador romano. Y, de inmediato, hubiera procedido a clausurar las tales joyas en un recipiente hermético. Algo así como una caja fuerte en despacho oficial. Allí quedarían como recurso último ante avatares extremos. Son la excepción. Para emergencias.

La excepción… ¿Y cuál, la regla? La regla para todos los días la pone una entidad metafísica. Sin cuerpo, sin olor, sin relumbrones. Puro espíritu. Se llama dinero. Y es uno de los inventos mayores del ingenio humano: el del intercambiador universal, al cual es atribuido un valor que ninguna relación guarda con su realidad física. Y que, así, está capacitado para circular sin límite e instantáneamente por circuitos tan invisibles como él mismo. Las joyas son un arcaísmo. Tan sucio, tan pesado, tan detectable y, en el límite, tan excremencial como todo lo corpóreo. El dinero es alma del mundo. Que ninguna barrera material retiene. Ni hiede ni perfuma. A Zapatero, en no mayor medida que a ningún otro.

Procedimiento judicial por la estafa «Plus Ultra». Escritos alegatorios, ante el juez, de corrompido y corruptores:

–Julio Martínez Martínez, de oficio testaferro de aquel querubínico sujeto al cual las bombas de Atocha elevaron de la nada a la Presidencia: «Precisamente por su condición de expresidente del gobierno y sus relaciones personales y profesionales, el señor Rodríguez Zapatero captó a las cuatro empresas que contrataron con Análisis Relevante hasta el año 2025».

–Julio Martínez Sola, presidente de la presunta corruptora «Plus Ultra». Información ayer en El Debate: «Según el escrito [dirigido al juez Pedraz], la relación con Julio Martínez Martínez se formalizó primero mediante un contrato de asesoramiento de doce meses, firmado en julio de 2020 entre Plus Ultra y la sociedad Análisis Relevante, por un importe de 5.000 euros mensuales más IVA. Más adelante, en enero de 2021, se negoció un segundo acuerdo, con la sociedad Idella Consulenza Estratégica, que vinculaba directamente la retribución al resultado del expediente: un 1 por ciento del importe finalmente concedido por la SEPI, cifra que ascendería a unos 641.300 euros». En sus conversaciones internas, la cúpula empresarial de «Plus Ultra» llama a eso una rentable «mordida». Es su nombre: el del uno por cien de los 56 millones concedidos a la fantasmal empresa por el gobierno de Sánchez. ¿Las hijas del ilustre comisionista? Maquetaban: 5.000 del ala al mes. Ante el juez, ahora, Martínez Sola aduce la constricción de fuerza mayor, que hacía de esa «mordida» a Zapatero última esperanza de salvar su empresa. Elegante diálogo entre directivos corruptores, acerca del tocable expresidente y de su hombre de paja: «Hablo con un lacayo (…) ya le dijo a Julio que montaron su finance boutique. Así que por [ahí] vendrá la mordida». El antaño presidente anda diciendo estos días que «está muerto». Lo estaba hace mucho tiempo. No se había apercibido.

Y la «mordida» de lacayo y amo no está, esta vez, punteada por zafiros y diamantes. No da náusea el mal gusto de sus brillos. Es adusto dinero. Sólo. «Unos 641.300 euros». Por una gestión muy alta. Y muy discreta. Etéreo capital que fluye por opacas cañerías. No, non olet, no tiene aroma. Y en nada turbará la nube lírica que es patria de Rodríguez Zapatero. Al igual que el dinero, los ángeles son inodoros.

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