- Los guardias civiles necesitamos que se deje de hacer política con nuestras actuaciones. Queremos ser noticia sólo por los éxitos en la batalla contra la delincuencia y por estar al lado de los ciudadanos cuando nos necesitan.
En los últimos tiempos la Guardia Civil ha sido noticia con demasiada frecuencia por los casos de corrupción que investiga, las detenciones de políticos y las polémicas provocadas por sus actuaciones.
La Unidad Central Operativa (UCO) ha estado presente en miles de titulares por sus investigaciones en los casos Koldo, Cerdán, Leire, Begoña Gómez, David Sánchez e hidrocarburos, citando a los más notorios y controvertidos.
Y recientemente hemos visto declarar en la Audiencia Nacional a la directora general de la Guardia Civil y al Director Adjunto Operativo (DAO), por el procedimiento judicial relacionado con las denominadas periodísticamente «cloacas del PSOE».
A los guardias civiles de a pie nos produce una gran desazón este protagonismo mediático de carácter político.
Además, los relatos partidarios invitan a los ciudadanos a tomar postura desde una perspectiva ideológica y, como consecuencia de este posicionamiento, a elegir bandería.
Se juega así a una polarización extrema y emocional, en la que los míos son los buenos y los otros son los malos.
Este comportamiento “insular,” en palabras del comunicador Richard Edelman, juega a confundir a las audiencias entre los hechos y las opiniones.
Entre lo que me gustaría y lo que es.
Entre lo que realmente pienso y lo que luego digo por conveniencia.
En una democracia la responsabilidad institucional debería dejar fuera del juego político y partidista a los asuntos de Estado.
«La Guardia Civil no está en ninguno de los lados del muro, pero sí en un bando: el de los que respetan la ley y creen y cuidan el Estado de derecho»
Criticar actuaciones de los jueces o de los cuerpos policiales forma parte de la libertad de expresión. Pero el ejercicio de este derecho a opinar se transforma en irresponsabilidad cuando se extiende al conjunto de la institución a partir de sesgos ideológicos.
La Guardia Civil no está en ninguno de los lados del muro, pero sí en un bando: el de los que respetan la ley y creen y cuidan el Estado de derecho.
Los ciudadanos esperan de los miembros del instituto armado que nos comportemos con rectitud, hagamos respetar la ley y, cuando actuamos como policía judicial, sigamos el mandato de los jueces.
Los comportamientos imputados a los dos más altos miembros de la cúpula de la Guardia Civil atentan contra ese marco de neutralidad que debe presidir la percepción de los ciudadanos.
Los guardias civiles no queremos que las noticias políticas opaquen la ingente labor que hacemos en la prevención y en la lucha contra el crimen.
En vez de erosionar los fundamentos de la democracia, mejor harían los políticos en preocuparse y ocuparse por traer a la Guardia Civil una equiparación salarial real y efectiva, conceder de una vez por todas la profesión de riesgo a todo el colectivo y dotar los medios adecuados para que cumplamos eficazmente con la misión que tenemos encomendada.
Necesitamos que se deje de hacer política con nuestras actuaciones. Queremos ser noticia sólo por los éxitos en la batalla contra la delincuencia, por los servicios que prestamos y por estar al lado de los ciudadanos cuando nos necesitan.
En una democracia, la frontera entre los buenos y los malos no la establece la ideología, sino la ley.
*** Ángel Lezcano es secretario general de JUCIL.