- Cuando Sánchez pronunció su frase más memorable («menuda inventada») para desacreditar a Aldama, este había dado nombres, apellidos, fechas, lugares, detalles con los que se autoinculpaba. Como consta, Aldama dijo verdad
Qué amenas las teorías de la conspiración. Su seguimiento proporciona diversión, aunque no sean recomendables a gentes con la cabeza a pájaros ni a menores de edad. He encontrado una que tiene su gracia sin exigir demasiadas complicaciones ni violar apenas la navaja de Ockham, que nos recomienda no multiplicar el número de entes salvo necesidad. En este caso, solo hace falta creerse que dentro de cada una de las pelotas con que se jugaron los partidos del mundial había un chip gracias al cual se podía desviar el rumbo imprimido al balón por el último jugador en tocarlo. Incluso moverlo cuando estaba parado sobre el césped. Esta última es la principal prueba que aportan los denunciantes de la conjura.
Omito contra quién sería la conjura porque no es la cuestión. Omito quién sería el dueño del mando capaz de alterar la trayectoria e inercia del esférico. Ni lo sé yo ni parecen saberlo los señores de la gorrita del papel de aluminio, pues todo son insinuaciones, recurso favorito del maledicente común. Cuando Sánchez pronunció su frase más memorable («menuda inventada») para desacreditar a Aldama, este había dado nombres, apellidos, fechas, lugares, detalles con los que se autoinculpaba. Como consta, Aldama dijo verdad. La inventada habitual carece de concreción. He aquí un principio ignorado por nuestros conspiranoicos del chip, demostrando su entrañable amateurismo.
Con un poco más de oficio, con el colmillo más retorcido, nombrarían al dueño último del mando. No importa lo disparatado de la personalidad aludida; siempre podrá más que la insinuación, ese gatillazo de los valientes ful. Dime que fue Elon Musk y te despreciaré menos. Por supuesto, también te creeré menos, pero reconoceré al maldito bulero inteligente. El atributo principal de Satanás no es la idiotez, sino la mentira. Vamos a la prueba principal ofrecida por los entretenidos botarates: es cierto que un portero va a tomar el balón del suelo con las manos, un balón quietecito, cuando de repente el objeto se desplaza un poco, como negándose a ser atrapado.
Los efectos de una irregularidad del terreno son todo el andamiaje de la majadería. Pero insisto, nos atrae, nos despierta una sonrisa, nos devuelve por un segundo a la infancia, sorprendida a tiempo completo. Son ficciones como las series o los largometrajes, aunque solo pueden funcionar sobre esta premisa: se trata de algo real y pernicioso que hacen escondidamente los dueños del mundo. No he llegado hasta el final de la columna para desmentir un despropósito risible, sino para dejar constancia de un asombro trágico: a base de acumular memeces en forma de teorías conspirativas, falsedades obvias, chorradas sin base, se puede acabar rompiendo todo. La historia de la humanidad. La belleza posible. Mira el Holocausto. Bastaron a («verdaderos dueños del mundo») y b (actuación oculta). El mito de la conspiración judía mundial. En cursiva es el título de una obra de Norman Cohn subtitulada Los Protocolos de los Sabios de Sión. Las conspiraciones son entretenidas hasta que llegan las masacres.