Carlos Herrera-ABC
- Los sectarios entenderían a P.S. si dijera, como el dictador nicaragüense Daniel Ortega, «aquí no va a haber más elecciones»
Doy por hecho que conocen las últimas declaraciones de la inexplicable ministra Diana Morant, aspirante a gobernar la Comunidad Valenciana: «Los del PP y Vox son gobiernos criminales como el de Hitler». Ciertamente, se comentan solas, pero merecen alguna reflexión, más allá de la lógica indignación que puedan provocar en personas mínimamente sensatas. A buen seguro no es un vómito repentino: cuando se calumnia así ya se trae la idea de casa. ¿Con qué puedo epatar a la ciudadanía, complacer a mis dirigentes y enfadar a mis oponentes? Hitler, claro, cómo no lo había pensado antes. El PP y Vox son como el individuo que asesinó a seis millones de judíos, invadió una decena de países y provocó la Segunda Guerra Mundial. Semejante salvajada y frivolidad histórica no creo que nazca del argumentario que Moncloa pasa a diario a su Loro Park ministerial, sino que más bien parece un intento desmedido de esta acémila por imitar el estilo de Óscar Puente o de conseguir que espacios de prensa como esta columna se ocupen hoy de ella en lugar de ese juego tan entretenido que consiste en aventurar cuantos socialistas más van a acabar en la cárcel así que vayan pasando los meses. También es posible que presa de un afán desmedido de notoriedad quiera ocupar titulares al precio que sea, estando convencida de que a los más radicales de sus seguidores no les abochornan este tipo de comparaciones. El sectarismo desmedido unido a la burricie suele complacer a aquellos partidarios, violentos o no, de que no haya alternancia alguna en el gobierno de las cosas. Son aquellos que entenderían a P. S. si dijera, como el dictador nicaragüense Daniel Ortega, «aquí no va a haber más elecciones». Hombre, no iríamos a votar, pero no correríamos el riesgo de que ganasen otros.
La ministra Morant no es conocida por ideas brillantes o admirables emprendimientos, antes al contrario tiene en su haber notorias tonterías certificadas. Forma parte de ese tipo de representantes políticos que, con brújula desnortada, cuando se acercan comicios o se viven turbulencias determinadas, desatan la lengua sin el consiguiente freno o contrapeso del sentido común. Si dicen cosas así es porque creen que a una buena parte de los suyos les complace escucharlas. Sin remilgos. A lo bestia. Sin considerar que cualquiera puede recordarle con quién gobiernan los suyos: con el brazo político de ETA, los asesinos y criminales que mataron, extorsionaron y secuestraron a cientos de personas y a los que están liberando de prisión poco a poco como consecuencia del pacto no publicado que su partido estableció con Bildu. Recordarle este extremo a la ministra Morant es señalarle una evidencia y resulta conveniente hacerlo cuando ella, en un inexplicable y majadero arranque decidió ganar un hueco en la pestilente posteridad.