Rosa Martínez-Vozpópuli

  • Los madrileños no somos un partido. Somos vecinos con casas que se están quemando

Madrid lleva días ardiendo y hay quien ha decidido que ese fuego también sirve para hacer leña política. Mientras la Comunidad contaba desalojados, confinados y carreteras cortadas, el ministro Óscar Puente encontraba tiempo para lanzar un torrente de descalificaciones contra Ayuso en la red social X. Ella llamó mamarracho a quien aprovechara la emergencia para calentar el ambiente y él le devolvió el insulto multiplicado por dos. Ese fue el nivel de la conversación nacional el mismo día en que miles de personas no sabían si volverían a tener casa.

No hace falta que te guste Ayuso para reconocer lo obvio: los madrileños que están viendo arder su pueblo no son ella. Son personas con hogares, con animales, con vidas enteras metidas en unas maletas que igual no les da tiempo a coger. Y sin embargo llevan días convertidos en material inflamable para que el Gobierno central señale a su enemigo político, porque el hecho de que una comunidad gobernada por el PP tenga un incendio fuera de capacidad de extinción es, por lo visto, una oportunidad que no se puede desperdiciar.

Recursos de todos

Me acuerdo del «si quieren ayuda que la pidan» de la Dana, con Sánchez al mando del mismo Gobierno que le ha estado regateando la ayuda a Madrid. Ahora la Comunidad la ha pedido, ha solicitado la declaración de emergencia nacional, y lo que ha recibido de vuelta ha sido un intercambio de insultos entre el ministro y la presidenta mientras ardían los montes. Parece que ni cuando pides ayuda te la mereces del todo, aunque esos recursos los paguemos entre todos, incluidos los madrileños.

A mí me enseñaron otra manera de hacer las cosas. Cuando fue la Dana en Valencia, los políticos estaban a lo suyo, a su guerra particular, pero los vecinos nos ayudamos sin preguntar de qué comunidad eran los que llegaban a poner el hombro. Miles de madrileños cogieron el coche cargado de cubos, palas y comida, y se plantaron allí sin que nadie se lo pidiera, porque cuando arde o se inunda la casa del vecino, lo lógico es ir a ayudar y no a preguntarle el carnet del partido. Por eso no esperaba, precisamente ahora que Madrid sufre un desastre semejante, volver a leer insultos y desprecios en redes sociales, como ya vimos hacia los madrileños en la pandemia, y desde luego no esperaba que vinieran de la boca de valencianos.

Bomberos en huelga

Y encima hay que ver a los bomberos forestales anunciar una huelga justo cuando arde media región, porque es el momento perfecto para dejar en evidencia que la Comunidad de Madrid no gestiona bien nada. Que el conflicto laboral venga de meses atrás, que haya reivindicaciones legítimas sobre plantilla y condiciones, da igual, lo que importa es el titular de esta semana. Y ahí han salido de nuevo los periodistas de nómina política a defenderlos con el argumentario de siempre: que así trata Madrid a quienes nos salvan la vida.

Un apunte, señores “periolistos”: esos no son los que nos están salvando la vida. Los que lo hacen están delante del fuego, no delante de una cámara ni delante de un ordenador redactando un comunicado. Y mientras se libra esa batalla de comunicados y titulares, el fuego sigue avanzando, ajeno del todo a quién tiene razón en la pelea de despachos.

Da una tristeza profunda comprobar que la política pesa más que las personas. Hay gente que lo está perdiendo todo entre las llamas y la respuesta que reciben en redes es que se jodan, porque son madrileños y porque hay que joder a Ayuso de paso. Los madrileños no somos Ayuso. Los madrileños no somos un partido. Somos vecinos con casas que se están quemando y no deberíamos servir de munición cada vez que el Gobierno quiere hacer daño a quien gobierna enfrente.

No mereces compasión de nadie

Detrás de cada cifra de desalojados hay una familia sacando animales de una cuadra a las tres de la madrugada, un abuelo que no entiende por qué tiene que dejar la casa donde ha vivido toda su vida, un vecino que vuelve al pueblo dos días después sin saber si va a reconocer su calle… A esa gente nadie le pregunta a quién votó ni de dónde es antes de darle una manta o un lugar donde dormir. En Madrid vive mucha gente que no nació aquí y nunca nos importó de dónde venían. Pero luego llegan las redes y sí que preguntan. Y si resulta que eres madrileño, hay quien decide que ya no mereces la compasión de nadie.

No tienes por qué querer a Madrid. No tienes por qué querer a los madrileños, aunque lo más cerca que hayas estado de uno sea viéndole comer una paella en un chiringuito de playa. Pero tampoco hace falta llenar la red de mensajes de odio hacia la capital cada Semana Santa, cada Navidad y cada verano, solo porque disfrutamos de nuestras vacaciones en tu ciudad o en tu pueblo. Vale, no te gusta Madrid ni tampoco los madrileños porque somos así o asá. Pues no vengas a la ciudad y no trates con nosotros, nadie te lo pide. Ni siquiera hace falta que agradezcas la ayuda cuando la damos, porque no la damos esperando nada a cambio. Pero alegrarte de que los madrileños se quemen vivos ya es otra cosa. Igual, después de todo, no eres tan buena persona como piensas.