Tonia Etxarri-El Correo
Cuando las desgracias se manifiestan fuera de control, la realidad da una bofetada a la propaganda política ante la falta de compromiso tras las promesas incumplidas. Si hace cuatro años el Gobierno declaró «urgente» e «imperativo» modernizar los hidroaviones para hacer frente al fuego y resulta que no ha renovado ninguno, la capacidad de extinción de incendios queda en entredicho. Más allá del traspaso de responsabilidades entre ministerios (el de Transición Ecológica y el de Defensa) no queda más remedio que afrontar la tragedia de frente y sin trampas. Adoptar medidas concretas y contenerse las ganas de endosar el ‘marrón’ a los contrincantes políticos.
El rey Felipe VI, además de agradecer la coordinación, ha pedido a los responsables gubernamentales «dar certeza de que se están empleando todos los medios posibles» para luchar contra la emergencia, señal de que nos movemos en un campo, además de quemado, plagado de incertidumbres. ¿Qué fue de aquel mayor despliegue de la historia de España que anunció Pedro Sánchez hace tan solo dos meses?
La planificación, esa condición tan reclamada después de la tragedia, ha brillado por su ausencia, vista la dimensión de los fuegos. Pero el consenso y la colaboración es la base para intentar salir de este círculo infernal.
Si la coordinación se está produciendo, a pesar de algún ministro faltón, es porque no está el ambiente propicio para que se tiren los trastos a la cabeza. Lo saben hasta los gurús de La Moncloa. La declaración de la emergencia de interés nacional la pidió la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Y el ministro del Interior, esta vez, aceptó la solicitud a pesar de las reticencias iniciales del delegado del Gobierno. ¿Es buena táctica enfrentarse a las comunidades presididas por el PP? Hay que guardar las formas contra el fuego y amarrar una coordinación real por encima de las disputas partidistas.
Con la situación tan adversa, política y judicial, que asfixia a Pedro Sánchez, no puede permitirse otro Paiporta. No puede volver a incurrir en el error de decir «si necesita más recursos (la Generalitat), que los pida». El presidente no está para presumir. En los últimos tres años ha perdido un millón y medio de votos, según reflejan los últimos sondeos. Pero como todavía queda un año para el escenario electoral, Sánchez quiere ganar tiempo. Necesita retener, al menos, la suficiente confianza electoral como para sumar mayorías con esos socios que ahora le han retirado el apoyo en el Congreso y que le han obligado a aplazar el decreto de vivienda para setiembre.
La alusión a los pactos de Estado suena solemne. Pero el problema es que no se limpian los montes. Lo denuncian los expertos desde hace años. La vegetación seca se amontona en las zonas rurales y esa dejación a la hora de desbrozar atrae el peligro del fuego. Aferrarse al cambio climático puede servir para la propaganda pero no sofoca incendios. Hay que estar en lo importante. Es de irresponsables dejar que la fuerza de la naturaleza siga su inercia. Menos ecologismo de salón y más prevención. Con inversión, con financiación y con presupuestos, claro.
Da la impresión de que estamos en el mismo punto donde lo dejamos el verano pasado.