Coral Rodríguez Fouz-El Correo
- Pido a Mertxe Aizpurua que exija a los dirigentes y militantes de Sortu, en especial los que formaron parte de ETA, que rompan la ley del silencio
En 2023 se cumplieron 50 años de la desaparición a manos de unos etarras de mi tío Humberto Fouz Escobero y de sus amigos Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro. En diciembre de ese año, coincidiendo con la emisión en Euskal Telebista del documental ‘Desaparecidos, bajo tierra de nadie’ -dirigido por Maite Ibáñez-, Lurdes Auzmendi, novia de Eduardo Moreno Bergaretxe cuando este desapareció, contactó conmigo. Ante la cámara dijo que nunca había oído hablar de las circunstancias de la desaparición de los tres jóvenes gallegos. Me lo dijo también a mí al tiempo que me mostraba un cariño inmenso y una profunda solidaridad que venía de lejos.
Hoy, dos años y medio después, seguimos manteniendo el contacto. Nos conocimos en persona el pasado 21 de abril durante la inauguración de la exposición ‘Ausencias presentes. Desaparecidos por terrorismo en España’ en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Hemos trabado una gran amistad, un fortísimo lazo afectivo. Nos unen el inmenso e irreparable dolor que produce la desaparición de un ser querido y, sobre todo, una infatigable lucha por la verdad y por la memoria que dura ya décadas.
En el año 2005 llegué a estar convencida de que íbamos a encontrar los restos de Humberto, Fernando y Jorge. Conservo mi agenda de ese año. En ella están anotados todos los pasos que dimos. El jueves 27 de octubre, en el hueco de las 16.30 horas, escribí el nombre de Marta Bergaretxe, la madre de Eduardo.
Han pasado más de 20 años y recuerdo perfectamente que compartimos un café y un rato de charla. Recuerdo sensaciones, sentimientos. Recuerdo, sobre todo, la ternura que sentí por aquella mujer. Era como estar viendo a mi abuela Isabel. Me parece que Marta tenía 79 años cuando quedé con ella, los mismos que tenía mi abuela cuando falleció en 1986. Nunca volvimos a vernos, pero conservo en mi memoria el recuerdo de ese encuentro con una mujer mayor que sufría, como sufrió mi abuela, por la desaparición de su hijo.
Este 2026 se han cumplido 50 años de la desaparición de Eduardo. Cerca de este 23 de julio un para muchos desconocido Observatorio de Derechos Humanos (Giza Eskubideen Behatokiak) sorprende con un informe en el que dice presentar las conclusiones de una nueva investigación -de dos años, afirman sin sonrojo- sobre esa desaparición. Lo que no pudo hacer el juez Andreu entre los años 2008 y 2012 -probar ni descartar ninguna hipótesis- lo consiguen los miembros de este observatorio, casualmente coincidiendo con esta fecha tan señalada. Este observatorio viene a descartar categóricamente la autoría de los ‘bereziak’. Con «pruebas» tan concluyentes como una supuesta cita falsa recibida el mismo 23 de julio de 1976 por Sabin Atxalandabaso.
Es el mismo Sabin Atxalandabaso que figura en el sumario 1/74 del Juzgado de Instrucción n.º 3 de San Sebastián como participante en el secuestro de Humberto, de Fernando y de Jorge. El mismo Sabin, reinsertado desde hace décadas, al que, a través de unos intermediarios, hice llegar una carta en diciembre de 2024. No me respondió, ni siquiera para decirme que él no estaba allí -respuesta que cualquiera esperaría de quien se supiera inocente-. Me consta que su reacción fue de enfado. Sé también que aseguró no recordar nada de esa época (el pacto de silencio sigue vigente).
Destaco esta ‘prueba’ porque parece indicar que Sabin ha recuperado la memoria de esos años. Por ello le reitero las peticiones de aquella carta: que demuestre tener un mínimo de humanidad y que no siga añadiendo con su silencio cobarde más dolor al que ya nos han causado, que haga un ejercicio de empatía, que se ponga por unos minutos en el lugar de estas tres familias, que facilite a mi madre el consuelo de saber dónde se deshicieron de los restos de su hermano y sus amigos.
El pasado marzo, 53 aniversario de la desaparición de Humberto, Fernando y Jorge, reclamé en voz alta a Mertxe Aizpurua, portavoz de EH Bildu en el Congreso de los Diputados, que sean coherentes y que al tiempo que piden al Gobierno de España la desclasificación de documentos relacionados con casos de violencia policial o de grupos de extrema derecha (Aizpurua no mencionó el caso de ‘Pertur’) exijan a todos los dirigentes y militantes de Sortu y, en especial, a todos aquellos que formaron parte de ETA, que ‘desclasifiquen’ toda la documentación e información sobre la banda terrorista.
Exigimos esa misma coherencia a los miembros de GEBehatokia. Lo expresó perfectamente Alberto Alonso, director de Gogora, en la presentación del podcast ‘El caso Pertur’: hay que derogar dos leyes: la ley de secretos oficiales y la ley del silencio.