- Un año más vemos una realidad paralela, un Matrix donde el proyecto de autócrata, en caída libre, se concede matrícula de honor
Se trata de un auténtico innovador, que nos ha traído varios avances impensables, desde gobernar palmando las elecciones hasta ver a su hermano empapelado por corrupción y a su mujer, de camino. Entre sus novedades figuran también los autoexámenes de balance de fin del curso político, una ceremonia de sabor putiniano, donde Xi Saching se instala en su Matrix y se concede siempre matrícula de honor.
Mi Persona se embutirá en un trajecito entallado y pasará por maquillaje para que le disimulen el rostro demacrado y macilento, fruto de los muchos disgustos que le propinan la familia y el pícaro de las joyas. Una vez hecho un pincel, caminará rumbo a la sala de prensa gustándose, con su clásico balanceo altanero. Ya en la tribuna, alardeará del «cañón económico», de «los avances en derechos» y de la imperiosa necesidad de frenar a «la derecha y la ultraderecha». Una suma de exitazos que hace que necesitemos que continúe hasta 2030. Como poco.
Pero juguemos a fabular con una variante alternativa. Imaginemos que mientras el máximo dirigente sale por el portón de la Moncloa, en un balconcillo del primer piso se encuentra el maestro David Azagra, que está ejercitándose en la dirección de orquesta batuta en ristre. Grandote y siempre torpón, David le arrea con el codo a una maceta, que cae presa de la gravedad, golpeando levemente una sien del gran timonel. El líder supremo sufre un leve aturdimiento. Pero por fortuna no parece nada serio. En seguida se repone y los sanitarios monclovitas lo autorizan a seguir adelante con el balance de fin de curso. Lo que nadie sabe es que el golpe ha afectado a su psique, provocándole un inesperado efecto de desinhibición, por el que su personalidad muta por completo y pasa a decir siempre la verdad. El balance discurre en unos términos totalmente inesperados, para estupefacción de la legión de asesores, ministros y pelotas varios prestos a aplaudir en la sala de prensa de la Moncloa:
«Buenos días a todas y todos. ¿Qué queréis que os diga? Por una vez voy a ser franco, las cosas van de puta pena. Es cierto que los datos macro son buenos, pero están inflados por el chute de fondos europeos, por el revelo en el INE para maquillar la foto y por el hecho de que Yoli ha trucado los datos del desempleo con los fijos discontinuos. El paro juvenil es un desastre, en pobreza infantil somos los peores con Rumanía y hemos crujido a la gente a impuestos con más de 60 subidas…».
El secretario de Estado de Comunicación y Bolaños empiezan a hacer gestos de «¿qué te pasa, Pedro?», pero el líder continúa impertérrito:
«El Gobierno se ha quedado en una especie de gabinete de buenos consejos, porque no podemos hacer nada de nada. Estamos maniatados por el chalado de Waterloo, que se ha aliado con la fachosfera. Tres años sin Presupuestos, algo que no pasa ni en Haití y que incumple la Constitución. Os preguntaréis entonces por qué no acabo con esta agonía y convoco elecciones. ¡Menuda pregunta! Poneos en mi lugar. Han empurado a mi fiscal, a Ábalos le han caído 24 años de talego, han condenado a mi hermano, han sentado a Begoña ante un jurado popular… ¿Qué creéis que me pasaría si perdiese el blindaje del poder, que ahora mismo obliga a pedir el suplicatorio para meterme mano en tribunales? Pinta todo horrible. Nunca debí dejar aquella misión tan delicada en manos de unos chapuceros como Santos y Leire. No lograron parar las investigaciones y por encima delataron por escrito que yo era el One».
Bolaños, pálido, sufre un vahído. Marlaska se abanica sofocado. Pero el gran líder continúa con su balance de fin de curso:
«Y luego está ese tontaina, que creía que podía ir trincando comisiones por medio planeta sin que nadie se lo oliese. Nunca debí haberle concedido lo de Plus Ultra. Si acaba saliendo toda la verdad, no solo acabará mal él, con sus joyas, sus hijas y sus trapicheos, es que yo voy detrás de cabeza».
Con una llamada de emergencia a Prado del Rey, Bolaños logra que se corte la emisión con un rótulo de «interrupción por razones técnicas». Pero el líder sigue rajando:
«De esta no salimos. Al margen de los guisos del golfo de Tezanos, lo cierto es que la derecha está en 200 escaños y nosotros rascando los cien a duras penas, a pesar del fin del tenderete de Yolanda. Y de propina nos han destapado el plan de emergencia que teníamos con el voto de América. Así que os recomiendo a todos y todas que vayáis pensando en afincaros en alguna plaza extranjera sin convenio de extradición. Aquí ya no veo salida».
Y así concluye el verdadero balance de fin de curso.