Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Hay trastornos psiquiátricos -yo los he conocido de cerca- cuando una persona mantiene una creencia falsa con una convicción absoluta a pesar de pruebas claras en contra. En ese caso podría tratarse de una mentira, sino de un delirio

No sé ustedes, pero escuchando la rueda de prensa del presidente del Gobierno ayer me di cuenta de lo mal periodista y mala persona que soy. Para defender a su hermano condenado a nueve años de inhabilitación por prevaricación, el presidente nos explicó que David Sánchez vale mucho porque tiene dos carreras y habla cinco idiomas: ruso, inglés, francés, italiano y español. Y yo sin valorarlo. No tengo perdón de Dios.

No sé. Los falangistas decían que Salvador de Madariaga era tonto en cuatro idiomas, los que hablaba. Desde luego, resulta inverosímil que un hombre con esa formación (¡dos carreras!) sea incapaz de explicar a un juez en qué trabaja y dónde está su despacho. Salvo que se le haya asignado un puesto en un caso de prevaricación incuestionable y no haya aparecido por allí, como demostró Alejandro Entrambasaguas en El Debate.

Pero claro, Sánchez tuvo una verborrea incontenible que le permitió no mencionar la corrupción en sus primeros 66 minutos de intervención. Hacía balance de un año en el que la corrupción ha llevado a la cárcel a su ministro de Transportes y secretario de Organización, además de a quien defendió la moción de censura contra la corrupción del PP que llevó al propio Sánchez al poder. Tampoco la corrupción del secretario de Organización con el que Sánchez sustituyó a Ábalos. Ni al fiscal general del Estado, que ha sido inhabilitado, ni a la directora general de la Guardia Civil y a su DAO. Y tampoco a su familia. La corrupción solo surgió a raíz de las preguntas de los periodistas. Para Sánchez no parecía ser algo relevante ni que hubiera afectado a su Gobierno.

Dijo, eso sí, en la rueda de prensa, que a Rajoy lo echaron por corrupción. Pero los casos de corrupción entonces no le pasaban ni cerca y la única condena fue desmontada en el Supremo en lo que afectaba al PP, mientras que es difícilmente discutible que Sánchez es el nexo corruptor en todos los casos del PSOE. Díganme uno sólo de los antes mencionados que no sea responsabilidad directa de Sánchez por su nombramiento o por el beneficio que le ha generado su parentesco.

Hay trastornos psiquiátricos —yo los he conocido de cerca— cuando una persona mantiene una creencia falsa con una convicción absoluta a pesar de pruebas claras en contra. En ese caso podría tratarse de una mentira, sino de un delirio. Y yo creo que este es el caso de Pedro Sánchez porque él se cree firmemente lo que está inventando a pesar de que sean mentiras construidas por él y su marabunta de asesores.

Y si es peligroso tener al frente del Gobierno a una persona que delira, más lo es que esa persona se considere con derecho a seguir en el poder. Ayer habló de lo cortos que son los mandatos. Ciertamente, son muy cortos para un buen presidente, pero son larguísimos para los malos. Y ese es el partido que estamos jugando ahora. Por eso hay que estremecerse cuando hace un llamamiento a que la oposición respete el resultado electoral. Junten ustedes esa petición con la ley de nietos y está mucho más claro lo que están preparando. Esto cada día pinta peor.