Iñaki Ezkerra-El Correo
- Un cambio que libre a los dos partidos aún mayoritarios de la supeditación al nacionalismo
El actual año en curso, o sea, 2026, nos ha traído varios aniversarios de gran significado político y de interesantes lecturas para el presente. En él se han cumplido los 30 años de aquel 8 de enero en el que un González, cercado por la corrupción y ya incapaz de sacar adelante los Presupuestos Generales, firmó el real decreto del adelanto electoral. Asimismo se han cumplido las tres décadas del 3 de marzo en el que el PP ganó las elecciones y también del 28 de abril en el que Aznar y Pujol firmaron el Pacto del Majestic porque el primero necesitaba los votos del segundo para su investidura presidencial. Estamos por lo tanto ante el trigésimo aniversario de una victoria que fue a la vez una derrota y que no ha tenido las mejores consecuencias para nuestro país. De las falsas expectativas creadas por Aznar para el nacionalismo catalán y acrecentadas hasta la megalomanía por Zapatero vino el 1-O de 2017 y todo lo que ha conllevado. El acuerdo del Majestic fue la siembra de la dinamitación de la derecha a la que hoy asistimos pues el chivo expiatorio de aquel cambalache, esto es, Vidal-Quadras, sería quien fundaría esa pesadilla de Feijóo que se llama Vox. Y, paralelamente a aquel pacto firmado en el hotel de Barcelona que hospedó a Machado camino del exilio, el que, acto seguido, Aznar firmó en la sede de Génova con Arzalluz traería un tercer pacto -el de Lizarra- dos años más tarde con toda la serie de calamidades que en aquella época conocimos.
Sí. El trigésimo aniversario del Pacto del Majestic que se ha cumplido en este 2026 nos brinda una ocasión impagable para reflexionar sobre la necesidad de un cambio de la ley electoral que libre a los dos partidos que aún son mayoritarios (aunque ciertamente bastante menos mayoritarios que ayer) de las supeditaciones onerosas a unos nacionalismos que, aparte de minoritarios hasta lo sangrante, no resultan leales compañeros de viaje. Aznar tuvo que sacrificar a Vidal-Quadras en el altar de un Pujol con el que acabó a piñas y Sánchez ha tenido que mover los pilares del Estado para ganarse a un Puigdemont y a una Nogueras salidos del museo de los horrores ideológicos. Soluciones hay para apartar ese cáliz de la política nacional, desde unas elecciones con segunda vuelta a un plus de 50 escaños para el partido vencedor. ¿De verdad no les convendría tanto al PP como al PSOE ese cambio en la ley electoral? ¿De verdad les trae cuenta esta política de sustos y de disgustos? Aunque el camino para esa solución sea largo, ¿no es hora de iniciarlo en el debate público?
En un agosto como el de hoy de hace 30 años, Vidal-Quadras se enfrentó a ese Aznar que hoy da lecciones a Feijóo de cómo llegar a La Moncloa: ganándose a los votantes de la izquierda. ¡Aznar, torero!