Gonzalo Araluce-Vozpópuli

  • Ninguna autoridad ofrece cifras sobre la entrada masiva en Ceuta. Moncloa no despliega a las Fuerzas Armadas hasta 12 horas después del comienzo de la crisis

Cómo y por qué ahora. Estas son las dos grandes preguntas tras la crisis vivida este jueves en Ceuta, cuando miles de personas —una cifra aún indeterminada por las autoridades— cruzaron la frontera desde Marruecos de forma ilegal: cómo pudo coordinarse semejante multitud sin levantar las alarmas a ambos lados de la frontera; y por qué ha tenido lugar precisamente ahora, en un momento en que el Gobierno de Pedro Sánchez defiende las excelentes relaciones diplomáticas a ambos lados del Estrecho. Un episodio que no encaja en los cánones habituales de los flujos migratorios, sino que reúne los principios correspondientes a una crisis de seguridad nacional. Fuentes policiales elevan las entradas a 20.000, si bien no hay ningún dato oficial ofrecido por las autoridades.

La cronología no deja lugar a dudas. Más de mil personas habían alcanzado Ceuta a nado en los días previos. La sentencia del Supremo que prohíbe su devolución —y unas redes sociales que son autopistas de la información en Marruecos— espoleó la llegada de numerosas oleadas de inmigrantes que desbordaron los servicios de atención de la ciudad autónoma. El Gobierno autonómico pidió la emergencia nacional, pero Interior lo desestimó al considerar que los flujos migratorios no justifican la escalada: sólo se puede declarar ante riesgos “naturales y tecnológicos”.

Nadie puede decir que no había algo moviéndose al otro lado de la frontera. Agentes sobre el terreno y numerosas informaciones periodísticas venían detallando que aún había una multitud que aguardaba al otro lado de la frontera, pese a la saturación de los servicios públicos ceutíes. Con todo, los gobiernos marroquí y español insisten en que la colaboración en materia migratoria y de seguridad no podrían atravesar un mejor momento.

No obstante, en Ceuta y Melilla llueve sobre mojado. Rabat no ceja en sus pretensiones soberanistas sobre ambas ciudades autónomas. Mohamed V, Hassan II y Mohamed VI han mantenido intacto su discurso. “Presidios”, “ciudades ocupadas”… son algunos de los términos empleados al otro lado de la frontera para hablar de Ceuta y Melilla. Los expertos coinciden en que las pretensiones marroquíes, lejos de menguar, se han redoblado tras encontrar el respaldo de la comunidad internacional —incluida España— en sus planes de soberanía sobre el Sáhara Occidental.

Más allá de las cuestiones territoriales, numerosos aspectos evidencian que la crisis de este jueves no es migratoria, sino de seguridad nacional. El primero de ellos, por la sensibilidad del escenario: la frontera entre Ceuta y Marruecos es uno de los puntos más críticos para la seguridad nacional, en tanto que no sólo representa la divisoria entre ambos países, sino que constituyen la única frontera terrestre entre la Unión Europea y África. La entrada repentina de miles de personas supone la pérdida temporal de la capacidad de control en un espacio vulnerable.

El despliegue militar

Las imágenes de este jueves eran la muestra de unas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado desbordados, con unos guardias civiles y policías nacionales que no podían hacer nada frente a la presión que se vivía en la frontera. No hay, por el contrario, imágenes de autoridades marroquíes al otro lado de la frontera tratando de impedir el flujo constante de personas que cruzaban la frontera sin gran dificultad. Entre ellos, familias enteras con niños de corta edad, además de jóvenes o adultos.

El Gobierno evitó el despliegue de unidades militares, pese al evidente desbordamiento de policías y guardias civiles, hasta pasadas 12 horas del comienzo de la crisis. Y eso que el personal del Ejército de Tierra se manifestó “disponible para lo que se ordene”, según fuentes internas consultadas por Vozpópuli. Lo cierto es que el Ejército cuenta con planes de contingencia para hacer frente a situaciones como la de este jueves. Así lo demostró en mayo de 2021, cuando desplegó la operación Almina V: una fuerza militar que, además de ejercer disuasión, permitía a las fuerzas de seguridad replegarse de la frontera para reforzar la seguridad en la ciudad de Ceuta.

Los mandos policiales asumen que acontecimientos como el de Ceuta no sólo suponen una vulnerabilidad fronteriza, también la afectación a infraestructuras críticas. La entrada de miles de personas por vías irregulares afecta al funcionamiento del puerto, pasos fronterizos, centros de acogida, servicios sanitarios, comunicaciones o la logística de una urbe. Más aún cuando se trata de una ciudad como Ceuta, de apenas 84.000 habitantes, con las sabidas limitaciones por su ubicación geográfica. Un elemento más a tener en cuenta en una crisis de seguridad nacional.

Fuentes policiales detallan a este diario que estas avalanchas repercuten de forma directa en la seguridad ciudadana, repartiendo recursos de por sí escasos en numerosas misiones, y que también dispara la presión sobre el sistema de protección de menores, que ya estaba desbordado antes de los acontecimientos de este jueves. Asimismo recuerdan la dimensión estratégica de Ceuta, por su posición geográfica y por la presencia de unidades militares críticas para el Ejército de Tierra.

Una crisis nacional que se acentúa ante el previsible efecto llamada. En redes sociales circulan cientos de vídeos de personas que han accedido a Ceuta, acompañados de mensajes como “¡Vamos!” o “¡Viva España!”; mensajes, apuntan fuentes de seguridad, que generan un evidente efecto de atracción entre los jóvenes que consumen estos contenidos, extendiendo la crisis más allá de una jornada puntual… en lo que los expertos califican como una quiebra para la seguridad nacional y no como un mero episodio migratorio.