José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • ¿Vísperas electorales? Cerró la temporada entre trolas y embustes, negando la mayor. Y la menor. Desde su esposa al vecino del sur

Cerró la última semana del curso como la empezó: negando la mayor. Y la menor. Es decir, mintiendo. O sea, ejerciendo de rey del embuste, del gran estafador. El viernes, en una Ceuta invadida, Pedro Sánchez culminó esta temporada maldita con una sicalíptica teoría sobre los motivos de la gran avalancha magrebí, una especie de remake de Zulú pero sin Michael Caine. “Han sido las mafias animadas por la sentencia del Supremo”, sentenció en el breve ratito que permaneció en la ciudad tomada. La misma teoría que esparcen alegremente los servicios de inteligencia de Rabat, que siempre van tres meses por delante de los nuestros, caso de que por aquí todavía permanezca en pie eso que llamaban CNI y que ahora dirige, con farragoso tino, una Casteleiro que ejercía de chica para todo de Margarita Robles y a la que ascendieron cuando la ejecución política de la eficacísima Paz Esteban, una dama de supina dignidad.

Por cierto, ¿qué ha sido de la ministra Defensa? ¿Dónde se ha metido? En la crisis de seguridad más grave y dramática vivida en este país desde la transición no se tiene noticia del paradero de la mandamás de los uniformados (con permiso de Su Majestad, capitán general de los ejércitos) ¿Andaría por las calles ceutíes disfrazada de tonadillera de garito infame olisqueando los planes del enemigo invasor? ¿Estaría encerrada en su búnker por temor a cualquier ataque embozado? No es la gallardía una de sus cualidades más apreciadas pero en estos tiempos revueltos cabría esperar una actitud más decidida por su parte, tan briosa y resuelta en otros lances, como cuando retuvo a los militares en sus cuarteles durante la dana o cuando sentenció con sus intrigas a aquel compañero de correrías.

La teoría de la ‘guerra híbrida’

Negó Sánchez, en su acelerada disquisición, una especie de infierno de pensamientos rancios, que el Gobierno de Mohamed tuviera participación alguna en esa declaración de ‘guerra híbrida’, como ahora le dicen, que supuso el lanzamiento de decenas de miles de jovenzuelos sobre la plaza española y prometió sembrar de boyas la costa para inutilizar la sentencia del Supremo. Cualquier chapuza con tal de no modificar la ley de Extranjería, como le reclama el PP. Y se fue tan pancho a La Mareta, entre los gritos de los paisanos iracundos que desbordaban las calles de la ira -con perímetro de seguridad de unos quinientos metros- y entonaban furiosos la canción del verano de ‘Pedro Sánchez, hijo de fruta’, lo más cantado en bodas y verbenas.

Al arrancar la semana había negado también a su ideólogo Rodríguez Zapatero, el pactista con los golpistas, el fámulo de Delcy, el mayordomo de Huawei, a quien defendió hasta hace tres días, de quien se inventó diversas teorías sobre el origen de las fatídicas joyas y a quien dedicó un despreciativo “yo no soy el portavoz de Rodríguez Zapatero» en esa comparecencia, lo que equivale a aquello de “es un gran desconocido para mí” cuando sentenció a Ábalos. “Siempre se debe estar preparado para que te partan la cara”, aconsejaba Frank Zappa.

“No es mi esposa”

Puestos a negar, lo mejor de la semana ocurrió en esa misma intervención de despedida (de curso, no de la Moncloa), unas seis horas de vulgares boludeces, la homilía interminable de un pastor sin escrúpulos en la que lanzó una frase inverosímil que dio que pensar. “Begoña Gómez no es mi mujer. Es Begoña Gómez” ¿Me repite, por favor? Por ahí se empieza.  Para aliviar el susto de los presentes, se afanó luego en desentrañar el currículum de la señora que, dado que es tan brillante y frondoso como la neurona que flota por el cerebelo de Yolanda, hubo de adornarlo con esas falsedades que frecuentan algunos de los orates que tiene de ministros y cuya actividad mental raramente abandona el territorio de la idiotez. Ojo, Begoña, ojo. Que luego de mudar de abogado para comparecer ante un jurado posiblemente hostil, pueden sobrevenir sorpresas desapacibles como gallináceas en celo o heréticos bolaños.

En menos de cinco días tres espléndidas negaciones. Mojamé, Zetapé y Begoña. Difícilmente superará su récord. O sí, porque en septiembre entramos en un periodo preelectoral en que deberá abundar en patrañas aun más desmesuradas e indecentes. Y el personal, mientras tanto, entre sonámbulo y abúlico, se desliza despreocupadamente hacia el precipicio mientras escucha indolente las bolas del fullero. Sólo se salvará en las urnas. Aunque quizás ni siquiera eso lo sepa hacer.