Editorial-El Correo
- El endurecimiento de las condiciones hipotecarias, unido a la carestía de los alquileres, amenaza con extremar la falta de recursos para acceder a un hogar
La crisis de vivienda que atraviesa España presenta numerosas aristas. Adquirir un piso implica al menos hacer frente a tres obstáculos: precios elevados, profunda escasez de oferta y una negociación para acceder a la financiación que se está endureciendo. Primero, baste recordar que en los últimos cinco años se ha incrementado el coste de comprar un inmueble un 50% de media en toda España; en determinadas zonas, como Madrid o Baleares, se ha duplicado desde 2015. Segundo, el país necesita aumentar la oferta; existen 750.000 viviendas pendientes de desarrollo, pero la burocracia y contingencias tan diversas como los problemas eléctricos, financieros y laborales están provocando un atasco que impide liberarlas. Tercero, tras incrementarse la concesión de hipotecas en un 18% en 2025, ahora las entidades bancarias se inclinan por hacer más exigentes los requisitos para conseguir el crédito. Con el telón de fondo de la creciente inestabilidad geopolítica, las perspectivas del mercado inmobiliario y en la solvencia de los prestatarios se han deteriorado, lo que está llevando a las entidades a prestar con mayor cautela y a priorizar, más si cabe, los perfiles con ingresos estables y mayor capacidad de ahorro.
La combinación de estos tres obstáculos enfría el mercado hipotecario. Un creciente número de familias se da de bruces con la imposibilidad de o bien pagar los elevados precios de las viviendas disponibles o bien cumplir los requisitos que exigen los bancos para adquirirlas, o ambas. La solicitud de préstamos hipotecarios se ha desplomado un 30% en el segundo trimestre de este año, el doble que la media de la zona euro. Durante los últimos cinco meses, la compraventa de inmuebles ha retrocedido consecutivamente, sin que los precios aminoren.
Las nuevas restricciones crediticias, en un contexto de inestabilidad con dos guerras abiertas, amenazan con extremar la falta de recursos de ciudadanos individuales y de familias para acceder a un hogar, sea en propiedad, sea en alquiler. Pero el escenario geopolítico no puede obviar que la vivienda constituye un desafío de largo alcance en España, con perfiles propios y que se ha enquistado al margen de la bonanza económica que atraviesa el país y de la que presume el Gobierno. Un Ejecutivo cuya ley específica en la materia no ha funcionado y cuya acción parlamentaria sigue lastrada por las discrepancias entre los socios sobre cómo encarar nuestro gran reto social.