Ignacia De Pano-Vpzpópuli
- La próxima vez vendrán muchos más, Rabat acaba de comprobar la débil resistencia española ante la invasión
Ceuta tiene ochenta y tres mil habitantes. Los cincuenta mil invasores que, el pasado fin de semana, desbordaron de golpe sus espacios públicos suponen un 60 por ciento de su población, pero sin su correspondiente estratificación por grupos de edad y sexo. Se trata, en su mayoría, de hombres jóvenes y bien alimentados que portan en sus manos por todo equipaje teléfonos móviles de última generación muy superiores a los de la sobrepasada policía española. Imaginemos por un momento que llegan a Madrid de repente dos millones cien mil varones en la flor de su fuerza vital dispuestos a quedarse por las bravas en la ciudad, cada uno arrastrando sus deseos, sus apetencias y sus frustraciones y provenientes en su mayoría de una cultura en la que los derechos de las mujeres se encuentran en un estadio muy embrionario y su cosificación, y más si no son musulmanas, actitud común en los hombres.
Las jóvenes ceutíes no tienen que imaginarlo. Lo vivieron hace cuatro días, cuando su ciudad se convirtió en un espacio tan peligroso para ellas que la única solución posible fue quedarse encerradas en sus casas. El buenismo sanchista que abre las puertas a las invasiones con una mano, condena con la otra a arresto domiciliario a las invadidas. Otra de las muchas paradojas del gobierno más feminista de la Historia, en el que las miserias del sexo de pago y la colocación a costa del erario público de amantes y consentidas se simultanea con un discurso demagógico en el que el feminismo queer obliga a las mujeres a dar continuamente pasos atrás.
Una mínima resistencia
La próxima vez vendrán muchos más La imagen de los invasores merodeando como zombies por las calles con todos los comercios cerrados de la plaza asaltada debía constituir desde las ventanas y balcones de los justamente atemorizados ceutíes una imagen distópica propia de película de terror. Entraron porque les dejamos, y de la misma forma que lo hicieron cincuenta mil podrían haberlo hecho ciento cincuenta mil. Puede que así lo hagan dentro de no mucho tiempo, tras comprobar en esta intentona que la profundidad de las aguas de nuestra legítima resistencia no alcanza a la del charco que deja una lluvia inesperada en cualquier calzada.
Los que volvieron a Marruecos lo hicieron porque quisieron, sin que nadie les obligara a ello. Varios miles más optaron por quedarse e imponer a la fuerza su presencia en un tejido social tan delicado que no puede asimilarla sin rasgarse. Pero parece que el socialismo en el poder nos privó hace mucho de cualquier derecho a no dejarnos arrollar en nuestra propia tierra.
Veraneando en el palacio de la Mareta y cada vez más lejos de una toma a tierra que le centre la cabeza, Sánchez se negó a que una mera violación del territorio nacional afectase a sus vacaciones dignas de un César. Ni interrumpió sus baños en un mar acotado para él ni renunció a copiar a Barack Obama el inventito frívolo de la playlist veraniega. Sus intentos de parecer joven y moderno se pierden irremediablemente en el bochorno ajeno de verle imitando lo que otro inventó, pero ahí está él hablándole de canciones que nunca ha escuchado a una cámara ciega mientras las chicas ceutíes de la edad de sus hijas no pueden salir a la calle sin que su integridad física corra un claro peligro.
Pagamos impuestos para que nuestro gobierno se ocupe, entre otras cosas, de nuestra seguridad y del control de nuestras fronteras. Pero el gobierno de Sánchez no cumple con sus obligaciones, no asume sus culpas y opta por la mentira no como último recurso sino como signo de identidad de un ejecutivo que se degrada día a día.
Rehenes de un rey absoluto
Un Ministerio de Defensa que no defiende, privando a las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla del armamento y las tropas que necesita; un Ministerio del Interior que ha convertido nuestras fronteras en un queso gruyere; un Ministerio de Asuntos Exteriores que arremete contra nuestros socios mientras se arrodilla frente al rey absoluto de Marruecos que gobierna con mano de hierro los destinos de su población. Si se une la línea de puntos surge la oscura imagen de unos intereses nacionales que reculan frente a intereses espúrios. Lo que interesa a determinadas personas es prioritario respecto de lo que nos interesa a todos. Y España pasa de nación soberana a rehén de vaya usted a saber qué, aunque podamos hacernos una idea.
Es hora de que volvamos a la sensatez. De que nos replanteemos el fenómeno migratorio sin apriorismos, aceptando únicamente la inmigración que nos conviene y poniendo los intereses propios por encima de los ajenos. Tenemos que perder el miedo a la devolución en caliente, en templado y hasta en frío y defender nuestras fronteras con voluntad firme e inequívoca, porque es nuestro derecho y también nuestra responsabilidad.
Nada de eso será posible mientras tengamos un gobierno para el que España solo es un instrumento para la consecución de determinados fines. Si queremos de verdad que nuestra país sobreviva, a tanta ineficacia maligna no nos queda mucho tiempo. tenemos que cambiarlo cuanto antes.