Luis Ventoso-El Debate
  • «Marruecos y la UE nos ven como un socio fuerte, fiable y muy eficaz contra la inmigración irregular», proclama Marlaska sin pudor alguno

En un lado está lo que piensa la gente normal. En el otro, el Matrix en el que flotan el escapista de la Mareta y su corte.

La gente normal piensa que es muy grave, «indignante» —como ha dicho el rey Felipe— e insultante que 70.000 marroquíes asalten una ciudad española de 83.000 habitantes, desprotegida claramente por el Gobierno (no hay más que ver el cutre miniespigón del Tarajal). La gente normal cree que el CNI informó de lo que se nos venía encima, lo cual tampoco requería al servicio de Inteligencia más sagaz del orbe, pues el propio presidente de Ceuta también había avisado sobre que algo serio se estaba cociendo.

La gente normal cree que el Gobierno desoyó todos los indicios y que nunca se ha tomado del todo en serio Ceuta y Melilla, plazas históricas españolas que a la izquierda le suenan a herencia un tanto facha.

La gente normal sabe que no se mueve a 70.000 marroquíes en un solo día si no existe algún tipo de luz verde del autócrata que lo manda todo en Marruecos y una cierta logística. Además, el experimento no es nuevo: Mohamed VI ya hizo lo mismo en 2021, aunque a menor escala. En el segundo test se ha crecido.

La gente normal sabe que tras la sentencia del Supremo, que ya indicaba la posible solución, el Gobierno tardó 22 días en instalar una boya flotante de demarcación en la playa ceutí. Lo hizo a toro pasado, por supuesto, cuando ya se había producido la horrible tragedia.

La gente normal sabe que los ceutíes han pasado miedo, que muchos se han encerrado en sus casas, que hubo robos, vandalismos y problemas en tiendas y suministros, que se registraron peleas callejeras y que se han colado en la ciudad algunas personas de la peor ralea delincuencial. La gente normal sabe que los ceutíes y los melillenses llevan mucho tiempo quejándose del abandono por parte de un Gobierno al que le preocupan más «la emergencia climática», el orgullo gay y la cantinela perpetua del separatismo que los intereses de sus nacionales que residen en unas ciudades que son españolas desde antes de que existiese Marruecos.

La gente normal sabe, pues así lo afirmó hasta el Parlamento Europeo en su día, que los servicios secretos marroquíes vaciaron en 2021 los móviles de nuestro presidente y de nuestra ministra de Defensa y acto seguido —¡oh casualidad!— comenzó el giro ante Marruecos y las lisonjas constantes de Sánchez y Albares a su soberano.

La gente normal se abochorna al ver que con la herida de Ceuta supurando, con el dolor de un centenar de muertos, Sánchez se dedicó a subir sus canciones del verano muerto de risa y esconderse raudo en su solaz de la Mareta.

Por último, la gente normal sabe que hemos hecho el ridículo internacionalmente, pues nos hemos mostrado incapaces de garantizar un pilar básico de todo Estado: la integridad de las fronteras.

Y ahora, vamos a Matrix. El Gobierno piensa que Marruecos, que abrió las puertas de par en par a la invasión, ha colaborado lealmente y es un sólido aliado. El Gobierno asegura que todo se debe a que las mafias de «la internacional reaccionaria» —Albares dixit—, han agitado a través de las redes la sentencia del Supremo sobre la prohibición de devoluciones de quienes llegan por mar. El gobierno proclama que lo ocurrido supone todo un éxito de gestión suyo, por la manera en que han retornado los ocupantes («Marruecos y la UE nos ven como un socio fuerte y fiable, muy eficaz en la lucha contra la inmigración irregular», se ufanaba ayer Marlaska, que hace ya años que ha perdido todo sentido del ridículo).

El Gobierno miente o no se aclara, pues Marlaska asegura que no hubo aviso alguno de los servicios de Inteligencia, mientras que Margarita, que no lo traga (y viceversa) da a entender todo lo contrario. Por último, el Gobierno adula a Marruecos, el instigador de toda esta calamidad provocada que ha dejado cien muertos, mientras intenta montar un jaleo diplomático de distracción con Italia.

Y a tenor de lo expuesto, cualquier observador desapasionado llegaría a una conclusión irrefutable: urge echar a este gobierno, por incompetente (ahí está la invasión), por mentiroso (ahí está Marlaska) y por frívolo hasta lo inhumano (ahí está Sánchez).