Editorial-El Correo
- Misiles balísticos rusos matan a los civiles de Kiev mientras los aliados de Ucrania escatiman su apoyo defensivo por temor a la amenaza del Kremlin
Si algo ha demostrado Vladímir Putin en estos cuatro años y medio de invasión masiva de Ucrania es su proceder carroñero. En la difícil coyuntura que atraviesa el país atacado, el autócrata ruso percibe la debilidad después de las embestidas que lanza casi cada noche contra las ciudades ucranianas. La última, la madrugada de ayer, hizo temblar los edificios residenciales de Kiev y se cobró al menos 17 vidas, entre ellas las de ocho personas que esperaban en una estación de tren. Puro terror en forma de 28 misiles, en su mayoría balísticos, y 115 drones que certificaron la fragilidad de la defensa antiaérea de Volodímir Zelenski, solvente contra los pequeños aparatos pero sin existencias para repeler los potentes proyectiles.
El Kremlin ni siquiera precisa de operaciones de inteligencia cuando la soledad de Zelenski se transmite desde la Casa Blanca. El líder ucraniano no consigue los ansiados interceptores Patriot pese a que Donald Trump, en la cumbre de la OTAN en Ankara de hace un mes, le prometió una licencia de fabricación. No era una ayuda inmediata, y además el presidente de EE UU se desdijo de su anuncio y se justificó en que la guerra contra Irán está diezmando peligrosamente sus propios arsenales. Derrochar en el Golfo las armas más sofisticadas y difíciles de reemplazar asfixia de rebote a Ucrania.
Zelenski lamenta que sus aliados hayan reducido a un tercio las entregas de misiles este año y les reclama valentía política para agilizar envíos y licencias de producción. Pero los socios europeos escatiman sus escasas reservas, después de años de descuidar la fabricación, porque temen la amenaza del Kremlin. No es una preocupación infundada, como demuestra el episodio en el aeropuerto de Leipzig, donde se localizó un dron cargado con explosivos cerca de un Antonov ucraniano y un avión que debió abortar el aterrizaje chocó después con otro artefacto. Para regocijo de Moscú, Europa retiene sus misiles y con ello desarma a Ucrania, el único país que puede disuadir al invasor de arriesgar mayores avances.
Con el invierno cada vez más cerca, los ucranianos deben extender su exitosa campaña contra la infraestructura petrolera rusa a las lanzaderas y los centros de producción de misiles. Putin afronta elecciones legislativas en septiembre y tal vez una nueva e impopular movilización forzosa. También él estará expuesto a todo el dolor que se le pueda infligir en su propia casa.