José F. Peláez-ABC

  • El número de inmigrantes llegados desde Ceuta a Italia asciende a cero, pero Meloni advierte que no va a eliminar los controles, pensando en la fuga de votos hacia Vannacci

Entre el 29 y el 31 de julio, entraron ilegalmente en Ceuta 70.000 marroquíes. Aunque no podamos asegurar que Marruecos lo alentara, tenemos la certeza de que lo permitió. Como consecuencia, Meloni, que está perdiendo votos a favor de Vannacci –un fascista declarado–, ve ahí una oportunidad para sacar provecho de la situación e inicia uno de sus arrebatos folklóricos-populistas para suspender el espacio Schengen con España, medida solo permitida si se diera una emergencia grave y un riesgo concreto para el país que toma la medida, extremos que no se dan, como reconoce su ministro de Exteriores.

Posteriormente tiene lugar una reunión de ministros del Interior de la UE, que concluye que ningún inmigrante de Ceuta ha entrado en Europa y que se va a evaluar si se dan los presupuestos necesarios para que Italia suspenda Schengen. Es un espaldarazo para España, que pide a Italia que revoque los controles, amenazando, en caso contrario, con la adopción de «medidas de respuesta proporcionales». Y aprovecha para calificar la decisión de Meloni de «injusta, contraria a los intereses de la UE y discriminatoria hacia la población española», al haberse adoptado «sin preaviso, de modo unilateral y con argumentos espurios que no se ajustan ni al Código Schengen ni a la verdad».

Mientras tanto, el número de inmigrantes llegados desde Ceuta a Italia asciende a cero, pero Meloni advierte que no va a eliminar los controles, pensando en la fuga de votos hacia Vannacci, que aprovecharía la rectificación para acusarla de debilidad. Así que el Gobierno español responde con la reciprocidad anunciada, también de modo ilegal. Como dice Vitalba Azzollini, «si el derecho internacional solo vale hasta cierto punto para el Gobierno italiano (…), solo vale hasta cierto punto para el Gobierno español». Para terminar el circo, Alemania advierte que iniciará la devolución a Italia de todos los inmigrantes que llegaron a Europa a través de su país. Que son casi el doble que a España. La diputada Alessia Morani lo resume bien: «¿Entienden por qué la reacción a los hechos de Ceuta es un gol en contra clamoroso? ¿Entienden por qué Meloni debería haber sido solidaria con España en lugar de cerrar Schengen? Es sencillo: si eres el Gobierno con más dificultades en el frente migratorio, no puedes hacerte el gallito porque los demás harán lo mismo contigo».

El sábado Meloni probablemente se vea obligada a recular, admitiendo que España siempre tuvo razón. Un PP con sentido de Estado habría criticado la decisión de Italia –como diría Nacho Vegas: «Perdón por el circo italiano»–, lo que les habría permitido ser muy duros con Sánchez por hacer lo mismo. Pero, con su miopía habitual, se pusieron del lado de Meloni. Una victoria de España sería, así, una nueva derrota para ellos. Todo en orden en Génova 13.