Editorial-El Correo

  • Urge que Sánchez tome las riendas de una crisis con su flanco más sensible en niños y adolescentes que precisan la solidaridad de las comunidades

La avalancha humana que recibió Ceuta ha enquistado en la ciudad autónoma, dos semanas después, la indignación, el miedo y el desasosiego ante el impacto de una crisis que el Gobierno admite ya que está lejos de permitir el regreso a la normalidad previa. Una zozobra que extiende su onda expansiva entre la ciudadanía ceutí y entre los migrantes magrebíes que traspasaron la frontera de forma irregular a finales de julio y no han retornado a sus lugares de origen. En esa amalgama de angustias cruzadas, el flanco más sensible es el de los menores no acompañados que penden de unos servicios sociales y de unas ONG completamente desbordadas; y de la generosidad comprometida de todos los ceutíes que están dando una lección de civismo y convivencia en la diversidad acogiendo a niños y adolescentes que no han hallado acomodo en el contexto hostil de su tierra natal.

Constituye un ejercicio de cinismo intolerable que las autoridades marroquíes se permitan ahora censurar las políticas migratorias españolas, asegurando que quieren tener de vuelta a todos sus menores desplazados, cuando utilizan a conveniencia diplomática esa presión social y se muestran incapaces de ofrecer a sus nacionales un porvenir homologable en derechos y bienestar. Esto hace más inasumible, cada día que pasa, la pleitesía del Gobierno de Sánchez. Pero ambas constataciones no orillan el perentorio desafío humanitario: atender con garantía a esos menores lanzados a un destino incierto en una Ceuta que necesita sentir la solidaridad de sus compatriotas.

La parálisis que transmite el Ejecutivo, que no puede desentenderse de su responsabilidad intransferible para que Marruecos asuma la suya propia y mayor, desincentiva un plan consensuado con las comunidades si estas han de asumir de forma compartida el drama que afrontan los ceutíes. Es preciso que sea el presidente quien tome las riendas de una crisis que amenaza con cronificarse. Pero, de nuevo, esta evidencia no descarga al resto de representantes institucionales de hacerse partícipes en la atención a los más vulnerables mientras se explora un camino seguro para que regresen con sus familias. Errará el PP si supedita su carácter de partido estructural del Estado a la deriva excluyente de sus socios de Vox. Y errarán los distintos gobiernos autonómicos si anteponen sus cuitas, ciertas o exageradas, a lo que es, sobre todo, una emergencia de consecuencias colectivas.