Andoni Pérez Ayala-El Correo
- Sorprende la reacción tan poco amistosa e inadmisible de suspender el espacio Schengen con España por parte de socios de la UE
En unas fechas tan poco propicias como las que marcan los días mas significativos del periodo vacacional, los sucesos de Ceuta han impactado de forma imprevista en el escenario veraniego, obligando a incluir el tema entre las cuestiones prioritarias del momento. Se trata, en cualquier caso, de un asunto que a pesar de lo inhabitual del tiempo en el que se plantea y, por otra parte, de la complejidad que presenta, no puede ser ignorado, ni su tratamiento soslayado a la espera de que el transcurso del tiempo y los calores estivales lo diluyan.
Hay varios factores entremezclados, de muy distinta naturaleza, en los hechos que han tenido lugar en Ceuta y, más aún, en las reacciones que han suscitado; lo que dificulta el tratamiento de este asunto, que en todo caso no puede ser unitario, en bloque, sin atender a los factores integrantes. Hay, en primer lugar, la componente migratoria, que ocupa un espacio determinante en los sucesos que comentamos; pero en esta ocasión hay también otros factores muy relevantes sin cuya presencia no es posible explicar la magnitud que ha alcanzado lo ocurrido en Ceuta.
No cabe ignorar que la avalancha migratoria, que no deja de causar sorpresa por su magnitud -cifrada en casi 80.000 personas, similar a la población ceutí- se produce desde Marruecos y no resulta creíble que no hubiese sido posible su detección con anterioridad. Sería también del mayor interés conocer (lo que no es imposible con los medios de que se dispone) la procedencia y la forma en que se desarrolló la activación de los mensajes que indujeron a generar un movimiento masivo de jóvenes migrantes de tales proporciones. En cualquier caso, lo que no parece nada convincente es creer que el movimiento masivo de migrantes desde Marruecos ha sido producto de un repentino impulso casual que ha empujado a miles de jóvenes a cruzar la frontera.
Tampoco sirve para explicar lo ocurrido recurrir al manido argumento de ‘las mafias’, que suele ser profusamente utilizado por quienes mantienen posiciones contrarias a la inmigración pero que en esta ocasión ha sido empleado por el Gobierno. Sin ignorar la existencia de grupos mafiosos, en esta actividad como en cualquier otra aunque conviene aclarar que no son los causantes del fenómeno migratorio, en este caso en particular no es posible detectar, con los datos disponibles, una actividad de este carácter para conseguir a través de ella un beneficio lucrativo para sus promotores. Sin descartar sorpresas y a expensas de los datos que puedan proporcionar investigaciones serias, cabe augurar que los tiros apuntan a zonas más ‘respetables’, que también pueden utilizar instrumentalmente conexiones con elementos vinculados a actividades de carácter mafioso.
Mayor sorpresa causan las reacciones suscitadas ante los sucesos de Ceuta por parte de quienes, en principio, son socios en la empresa común de la Unión Europea y, a pesar de ello, no han tenido inconveniente en recurrir a medidas tan poco amistosas como la suspensión unilateral del espacio Schengen en sus relaciones con España; lo que resulta tan insólito como inadmisible. Y no podía faltar la intervención del ‘showman’ de la Casa Blanca, que no ha perdido la oportunidad de meter baza en un asunto tan vital para sus propios intereses como la situación en la ciudad autónoma; o también la de destacados miembros del Ejecutivo israelí, a los que no les basta con el genocidio palestino y necesitan también extender su campo de actuación a un lugar tan decisivo para su futuro como Ceuta.
Para completar el cuadro, se plantea también la distribución de los menores entre las comunidades autónomas, cuestión que ha vuelto a ser motivo de confrontación, interpartidista e intercomunitaria. No es un tema nuevo, surge de forma recurrente cada vez que se aborda la cuestión migratoria; la última vez con motivo del aumento de la llegada de migrantes en cayucos a Canarias y, con toda seguridad, reaparecerá en el futuro. Cuanto antes se acuerde un criterio común para la derivación intercomunitaria de los menores, más problemas nos ahorraremos, pero no es posible llegar a acuerdo alguno sobre este importante tema si no hay predisposición alguna para ello.
Los sucesos de Ceuta revelan también una situación particularmente compleja que no ha quedado zanjada, como se anunció en la cumbre de ministros de Interior de la UE del día 4 y que, con toda seguridad, va a dejar sentir sus efectos más allá de Ceuta, en España en su conjunto y también en Europa, que ha mostrado ante este asunto una actitud que dista de ser satisfactoria. En todo caso, se trata de una cuestión que sigue abierta y que previsiblemente va a ser determinante en las políticas a desarrollar próximamente no solo en Ceuta sino también a escala autonómica, estatal y europea.