Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • La titular de Defensa se desmarca teatralmente de la posición de su compañero de Gobierno en la crisis de Ceuta

Margarita Robles, ministra de Defensa, se desplazó hace un par de días Ceuta. La visita se produjo a los pocos días de la invasión de miles de marroquíes orquestada por el Gobierno de Marruecos y consentida por el Gobierno de España por razones que se desconocen pero sospechamos: algún tipo de trapicheo todavía desconocido por inconfesable entre Pedro Sánchez y el rey Mohamed VI, el mismo que explicaría el cambio de posición de nuestro país en relación al Sáhara Occidental, decisión tomada unilateralmente hace cuatro años por nuestro particular aprendiz de autócrata y mentiroso compulsivo, Pedro Sánchez, sin que semejante decisión, que supuso una traición a los saharauis y a los propios españoles, fuera avalada por el Congreso de los Diputados como mandan los cánones democráticos. 

Durante la visita, Margarita Robles, la ministra más razonable del Gobierno de España que, sin embargo, se ha mantenido todos estos años impertérrita entre mangantes, incompetentes e indeseables en lugar de renunciar a semejante compañía, dijo cosas normales, lo cual es la vía más rápida para llevar la contraria a las anormalidades que habitualmente verbalizan el resto de ministros, bien sean cosecha propia o por mandado del Puto Amo al que sirven obedientemente; o sea, que Marruecos consintió lo ocurrido en Ceuta, que no puede volver a repetirse, que la integridad territorial y la soberanía españolas no se tocan y que Ceuta y Melilla son «españolísimas», todas las cuales, aparte del uso innecesario de superlativos absolutos, son verdades objetivas o evidencias políticas perfectamente demostrables. Si la comparásemos con el resto de sus compañeros que caminan en dirección contraria o vagan entre mentiras, contradicciones y manipulaciones varias, podríamos decir que Margarita Robles no sólo es lo único que todavía podemos salvar del actual Gobierno sino incluso una política de altura… si no fuera porque su permanencia en el Ejecutivo la convierte en cómplice de sus decisiones. En todo caso, que de vez en cuando, gracias a ella, se perciba cierta vida inteligente es algo que agradecemos, porque siempre es mejor ser gobernados por gente con luces que por indigentes intelectuales o aprendices de brujo. 

Escándalos y ridículos

El ministro de Interior, Grande-Marlaska, pertenece por el contrario a los menos espabilados de la clase y, desde luego, se trata de uno de los que más ha decepcionado a quienes pensamos que, vista su trayectoria previa a su aterrizaje en el sanchismo, mantendría cierta dignidad y decencia en el ejercicio de su ministerio, nunca mejor dicho. De otros y de otras no podía esperarse otra cosa que servilismo político o la nada más absoluta… pero Marlaska parecía una persona políticamente valiosa, cosa que el tiempo ha refutado. Ocho años después de haber sido nombrado ministro acumula escándalos varios, ridículos diversos y unas cuantas salidas de pata de banco, sin que semejantes hechos lo hayan apartado del cargo; más bien al contrario, lo han mantenido en el puesto y lo han colocado en el nivel habitual que muestran sus compañeros de gabinete, todos los cuales acumulan un buen número de barrabasadas y estropicios en el ejercicio de sus cargos. 

En este caso, con motivo de la invasión que los españoles hemos sufrido en Ceuta y que ha supuesto y supone un auténtico peligro para los residentes en la ciudad autónoma por razones que no hace falta que se expliquen porque hasta los menos listos pueden entenderlo, Marlaska ha estado al nivel que hoy ya sabemos puede dar, el cual tiende inexorablemente a cero; según él, penúltimo responsable de nuestras fronteras, Marruecos es un socio fiable, que es como aplaudir que el país vecino haya invadido una parte de tu territorio para comprobar si tienes las manos tan atadas como suponemos y eres tan tonto como pareces. 

Como si fuéramos tontos

Además, Marlaska afirmó que el Gobierno de España está preparado para «evitar» otra entrada masiva en España después de no haber querido o podido evitar la primera, lo cual demuestra que trata a los ciudadanos como si fuéramos tontos o no nos informáramos a través de medios independientes, como parece que hacen sus correligionarios; y, tras afirmar que «no hay sitio en España para aquellos que quieran entrar de una forma irregular y violentando la ley» a pesar de que ellos fomentan lo contrario, dijo nada menos que la colaboración de Marruecos en dicho objetivo es sobresaliente, por lo que parece que pretende vendernos la peregrina idea de que las ochenta mil personas que invadieron Ceuta se organizaron de manera autónoma y sin la colaboración de las autoridades. En el fondo, es servilismo a Sánchez y a sus trapicheos con el rey Mohamed VI, subordinación y pleitesía a Marruecos y desprecio a la inteligencia de los españoles, que no somos súbditos sino ciudadanos de un país democrático, mal que les pese. 

Marlaska y Robles, Robles y Marlaska, mantienen un navajeo constante desde que comparten Gobierno de España; a veces más sutil, a veces más evidente. A veces, como en esta ocasión, se trata de un navajeo estruendoso y a la vista de todos. Ella dice lo que debe decirse y lo que entendemos los que todavía tenemos dos dedos de frente: Marruecos es responsable de la invasión de Ceuta, no se puede repetir lo ocurrido, y Ceuta y Melilla son tan españolas como cualquier otra ciudad de nuestro territorio. Obviedades. Marlaska, como tantas otras veces, me temo que ni siquiera expresa lo que siente o sabe sino que se limita a ser la voz de su amo. Y, en este caso, agradece la labor de Marruecos, último responsable de la invasión y país que mantiene una guerra híbrida contra España para hacerse, cuando lo vea factible, con Ceuta y Melilla. En su última visita de ayer mismo, calificó como «labor impecable» la de Marruecos, o sea, que no puede mejorarse. 

Mientras Robles dice lo que debe decirse y expresa la opinión mayoritaria de los españoles, Marlaska coincide con Albares y Bolaños, otros de los muchos mamporreros de Sánchez, en rendir pleitesía a Marruecos. Es cierto: Ceuta y Melilla son «españolísimas», en uso innecesario del superlativo absoluto empleado por Robles. Sin embargo, si las cosas no cambian y no cambia este gobierno, que terminen siendo marroquíes es sólo cuestión de tiempo.