Editorial-El Correo

  • Ni los roces públicos con la Policía Nacional ni el discurso autocomplaciente del consejero Zupiria mejoran la seguridad en Euskadi

El aparente buen clima con el que se cerró el 8 de julio la última Junta de Seguridad del País Vasco, en la que los gobiernos central y autonómico alcanzaron nueve acuerdos que consolidan el carácter de policía integral de la Ertzaintza, duró hasta la final del Mundial de Fútbol. Los incidentes registrados en las tres capitales en la jornada que culminó con el triunfo de la Selección española alcanzaron particular gravedad en Bilbao, con coacciones, amenazas y agresiones a aficionados de La Roja. Las detenciones practicadas por la Policía Nacional, ante la que presentó denuncia la víctima de una paliza, y la reacción del consejero de Seguridad por lo que definió como una extralimitación de sus funciones, han derivado en un conflicto que debe zanjarse cuanto antes. Sin esperar, en todo caso, a la próxima reunión del máximo órgano de coordinación bilateral, prevista dentro de varios meses.

Bingen Zupiria defiende el dispositivo diseñado para el 19 de julio porque la Ertzaintza practicó arrestos e investiga a cincuenta implicados en la violencia. Pero incurre en tremendismo cuando explica que descartó «llenar el país de policías» y se felicita de que la instalación de pantallas públicas «en su mayor parte se desarrolló con normalidad». No en el bilbaíno parque de Doña Casilda, adonde se dirigieron radicales amparados en la marcha por la Euskal Selekzioa; una convocatoria protegida, sí, por el derecho a la libertad de expresión y manifestación que invoca el consejero. Y, según se vio, expuesta al aprovechamiento de los que quieren perturbar la convivencia.

Cabe lamentar que las disfunciones en un ámbito tan sensible como la protección del orden público no encuentren acomodo en los foros de coordinación. Más si, como sostiene Zupiria, son recurrentes y los considera inspirados por «altos mandos» de las fuerzas de seguridad del Estado «que pretenden alterar el sistema vasco de seguridad y tener una presencia mayor que no les corresponde». La petición de respto a las competencias propias no impide al responsable autonómico hurgar en las de otros cuerpos que «no trabajan lo que deberían». La ciudadanía asiste al conflicto institucional con hartazgo y preocupación por los estallidos violentos que buscan rédito político en competiciones deportivas o fiestas populares. Combatir estos comportamientos es lo que refuerza la legitimidad de la Ertzaintza, que antes se beneficia de la eficacia percibida que del discurso autocomplaciente.