Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli

  • La señal que su luz emite es de alarma, peligro y petición de auxilio

Ceuta es un faro. No me refiero al periódico local que nos informa de la situación en la ciudad invadida, sino más bien a que ha devenido un símbolo como el que Agustín Ibarrola imaginó para el Foro de Ermua. La villa vizcaína fue un faro que señalaba el camino correcto para resolver el problema terrorista, camino finalmente abandonado y traicionado. Ahora la ciudad española norteafricana se encuentra en una encrucijada parecida: es una potente luz que avisa del peligro de bajos fondos donde puede naufragar el país. ¿Será este faro traicionado por el Gobierno Sánchez como el de Ermua lo fue por el Gobierno Zapatero? Ambos presidentes comparten ADN político y no podemos descartarlo.

Desde la invasión de Ceuta del 30 de julio, todos los esfuerzos gubernamentales se han consagrado a propagar el relato de que no hubo invasión alguna, sino crisis humanitaria y que la situación es, gracias a la colaboración ejemplar del socio marroquí, casi normal.

La norma es imponer lo anormal

Claro que “normal” es término extraordinariamente plástico en la parla socialista de ahora: significa lo que ellos quieran. Durante la pandemia, que cada día se dibuja más como el experimento donde servimos de cobayas para una prueba de sumisión al autoritarismo corrupto encubierto, “nueva normalidad” pasó a nombrar el futuro que nos esperaba: todo lo antaño anormal pasaría a ser la norma, desde el retraso ferroviario al abandono de afectados por catástrofes.

Durante la pandemia invocaron como norma sagrada la legislación sanitaria que nos privó de libertad de movimientos, reunión y trabajo en nombre del bien superior de impedir contagios de covid. Misteriosamente, esas leyes profilácticas no rigen para los miles de asaltantes de Ceuta que siguen pululando por el pequeño territorio y reducen playas y espacios a letrinas, vertederos y merenderos improvisados, todo revuelto. La organización médica ceutí ha puesto el grito en el cielo y advertido del peligro de infecciones y enfermedades erradicadas en España, incluyendo el cólera, pero su denuncia no ha inmutado al Gobierno, aunque el hospital de Ceuta es uno de los poquísimos que dependen de su administración directa.

Es la vara jurídica doble: para la plebe española rigen ciertas leyes represivas desactivadas para otros colectivos, incluidos los súbditos asaltantes de Mohamed VI. Abunda en el caso que centenares de menores asaltantes vayan a ser escolarizados de urgencia en su lengua materna porque no entienden el español, derecho fanáticamente negado en nuestras comunidades con lengua cooficial, que imponen a los suyos y a los inmigrantes la inmersión en la lengua elegida del nacionalismo -como el euskera, tan inteligible para un niño colombiano inmigrante como el español para un pequeño rifeño-.

Las leyes más estúpidas del mundo

No se dirá pues que el sistema jurídico y político español no goza de una flexibilidad desconocida desde el Antiguo Régimen, con sus distintos estamentos legales: es el asombro del mundo y de nuestros socios europeos. Algunos de estos, liderados por Italia, han decidido prevenir males excluyéndonos de la libertad de circulación por Europa conocida como espacio de Schengen. El Gobierno ha respondido con decisión aplicándola a los italianos, pese a que no nos han invadido ni han sido invadidos por nadie, ni permitido que alguna ciudad del Bel Paese soporte dos semanas largas una turba de invasores superior al 10% del vecindario. España, sí.

El realismo mágico de nuestro sistema jurídico es tan grande que incluso desconcierta al Tribunal Supremo, injustamente atacado por el asunto del rechazo de la devolución en caliente de los ilegales entrados en Ceuta a nado, puesto que la ley descartaba el mar como “obstáculo” ilegalmente sorteado. Son las consecuencias de algunas de las leyes de inmigración más estúpidas del mundo. Tanto que el Gobierno de Marruecos ha encontrado un filón en la explotación oportunista de la situación de los menores que ellos mismos lanzaron contra Ceuta: exige a España que se los devuelva, pero a la vez se niega a recibir los que se le remiten si considera que ha sido ilegalmente. Es que la ley española puede leerse tanto como norma ultra protectora de los menores de edad ajenos que como un abuso legalizado que roza el secuestro infantil.

El eclipse la invasión 

En fin, mientras el Gobierno Sánchez utilizaba el eclipse solar del 12 como un logro impresionante propio -no cabe descartar que, en efecto, fans sanchistas crean que ha sido un espectáculo gratuito regalo de Sánchez, émulo del Yahvé de la Sixtina que crea y ordena los astros con simples gestos de su Mano-, útil para eclipsar Ceuta y los terroríficos incendios forestales, Marruecos tantea el terreno y anota progresos, mientras el resto del mundo asiste con estupor a la auto humillación de la cuarta economía del euro y doceava del mundo, de tal modo que se presenta como apetitoso bocado para cualquier competidor y enemigo ambicioso (véase China).

Mientras el Gobierno se afanaba en eclipsar Ceuta y afirmar la normalidad de la vida en la ciudad contra toda evidencia, y mientras cierta prensa adicta insinúa una posible conspiración estadounidense-israelí para asaltar Ceuta sin participación alauita -historieta a lo judeo-masónico de la que oiremos más-, progresa la hipótesis de que al sanchismo quizás no le desagrade un traspaso resignado de la ciudades norteafricanas al chantajista del sur (quizás modelo Gibraltar, como conté aquí), si el miedo y la indefensión del Estado animaran a la población española a marcharse. Sería el triunfo de esa Segunda Marcha Verde, pues al vecino magrebí le han bastado unos cuantos de sus brutales policías para frustrar el nuevo asalto convocado para el pasado sábado 15: si Marruecos no impidió el asalto en masa del 30 de julio, fue, obviamente, porque lo había organizado.

Moros en la costa

Todo es tan normal en Ceuta que el Estado Mayor de la Defensa ha publicado un tuit en X que dice lo siguiente: “Las Fuerzas Armadas mantienen su apoyo en #Ceuta, garantizando la correcta apertura y funcionamiento de establecimientos comerciales, así como el acceso a servicios esenciales, como la atención sanitaria. Labores de apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que llevan a cabo en distintos puntos de la ciudad autónoma.” Lo que traducido a lenguaje directo significa que asumen tareas de orden público para permitir el acceso a la sanidad y la alimentación, amenazada por los diez mil asaltantes que aún campan por sus respetos. Ceuta es un faro. Y la señal que su luz emite es de alarma, peligro y petición de auxilio.