Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

Parafraseando a Monterroso podríamos decir que ’26 días después, cuando el Gobierno despertó, las cosas que ocurrían, en Ceuta, seguían ocurriendo’. De los 80.000 ‘invasores’, ‘Sanchez dixit’, diez mil siguen en la ciudad. Más de 2.000 menores permanecen indefensos, la sanidad se mantiene colapsada, los servicios públicos atascados, los negocios paralizados y la ciudad languidece atemorizada, a la espera de la próxima oleada. El propio Sánchez calificó la maniobra marroquí de «invasión», pero su respuesta no fue la de Zelenski en Ucrania, ni la de Tatcher en las Malvinas. Nada, ni siquiera parecido. Simplemente, se marchó a La Mareta a tumbarse en la hamaca.

Menos mal que la invasión, esta vez, fue pacífica, sin disparos ni drones. Marruecos no los necesita, se los puede ahorrar. La mera acumulación de gente es suficiente y es un esfuerzo simple y barato. Fue eficaz en el Sáhara, en tiempo del Franco agonizante y lo es hoy en Ceuta. Mohamed VI lo puede repetir cuando quiera, con un solo gesto. En Marruecos hay tres millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan. Una fuerza de choque obediente y eficaz, presta a recuperar el Gran Marruecos que ahora llega hasta Ceuta y Melilla, Más tarde, quizás también llegue a Canarias. Es tan dócil y tan barata… ¿Cómo te defiendes de esa amenaza permanente que a ellos no les cuesta y a nosotros sí? Pues si no hay voluntad, es muy difícil, casi imposible. Si la hubiera, ejerciéndola de manera firme, decidida y sobre todo constante. ¿Cuánto tiempo se puede vivir inmersos en la inseguridad, cuánto sumidos en la amenaza permanente, cuánto sin futuro, ni esperanza?

Ceuta está hoy angustiada, pero mañana puede estar perdida. Si es así, lo será para siempre. Y, como siempre, Europa nos ayudará, pero solo si lo pedimos con argumentos y solo si lo exigimos con fuerza. Pero se mantendrá ausente y despegada, si nosotros permanecemos indolentes y dubitativos. Buenas pruebas ha dado de ello. Solo conseguiremos que busque una solución, si conseguimos antes que sea también su problema. Lo vimos claro cuando hablábamos de la amnistía. Sabemos ya lo que podemos esperar de ella. No es mucho. ¿Y de la OTAN? Un poco menos.