Rebeca Argudo-ABC
- Si todos dicen la verdad, nadie miente y, por lo tanto, este Gobierno ha hecho, y bien hecho, todo lo que tenía que hacer. ¿Dónde está la bolita? ¿Dónde?
Margarita Robles afirmaba en el Congreso de los Diputados, en Comisión de Defensa, que agentes del CNI informaron el día 29 de julio de la posibilidad de una entrada masiva de inmigrantes en Ceuta al día siguiente, aprovechando la festividad en Marruecos. Ese mismo día, en comparecencia parlamentaria sobre el mandato único en Ceuta, el ministro Fernando Grande-Marlaska negaba la existencia de informe previo alguno que alertara de lo acontecido el día 30. Más tarde, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros y preguntado explícitamente por las declaraciones de la ministra de Defensa, se reafirmaba en su versión: «No hubo ningún informe» ni «ningún aviso que alertara de una entrada de estas dimensiones». Unas horas después, era la Delegación del Gobierno en Ceuta quien hacía público un comunicado en el que manifestaba no haber recibido «en ningún momento» un informe en el que se advirtiera de lo que iba a suceder el 30 de julio y negando que ninguno de los reportes recibidos los días previos sobre el aumento de entradas por vía marítima permitiese prever que algo así fuese a ocurrir. Así, la ministra de Defensa de España se veía de pronto doblemente desautorizada (si no directamente tildada de mentirosa) por su propio gobierno. Ante tan insólita situación, cualquiera pensaría que la única salida digna para Robles es la dimisión: en caso de ser cierto lo que dice el mismo Gobierno del que forma parte, porque ha mentido públicamente y así ha sido señalado desde su propia formación, por lo que no puede permanecer ni un minuto más en su puesto; en caso de no serlo, porque ese mismo Ejecutivo la ha calumniado, acusándola de mentir a la ciudadanía en un asunto de seguridad pública, y, por probidad, es difícil sostener una sola razón por la que se justifique su permanencia en ese puesto. Y si hasta aquí ya sería todo lo suficientemente grotesco como para, tras la estupefacción y el bochorno, exigir explicaciones que aclaren la ocurrido (¿Hubo o no hubo informes que alertaban de la entrada irregular de miles de personas en Ceuta? ¿Hubo o no hubo inacción?) y que se asuman responsabilidades, todavía quedaba por ver el triple salto mortal con tirabuzón que pondría colofón al numerito de funambulismo dialéctico. Lo firma el inefable portavoz del PSOE, Patxi López, que, para desfacer el entuerto y aquí paz y después gloria, apunta sin sonrojo que ambas versiones pueden ser verdad a la vez. Que los servicios de inteligencia podían haber alertado de movimientos de personas pero no de la dimensión extraordinaria que finalmente tuvo la avalancha. Así, existiría informe y, al mismo tiempo, no existiría. Y si todos dicen la verdad, nadie miente y, por lo tanto, este Gobierno ha hecho, y bien hecho, todo lo que tenía que hacer. ¿Dónde está la bolita? ¿Dónde?