Marisol Oviaño-Vozpópuli
- Veremos a la policía, pagada por todos los españoles, cargando contra los ceutíes para defender a los invasores
El ansia con la que los gerifaltes de Marruecos se lanzan a besuquear la indolente mano de Mohamed VI siempre me produce escalofríos. Supongo que la tradición impone ese gesto como demostración de lealtad; pero que en pleno siglo XXI esos hombres hechos y derechos compitan entre ellos por ver quién se humilla más ante el comendador de los creyentes, huele a miedo. Y me viene a la cabeza el compositor Dmitri Shostakóvich, que todas las noches dejaba junto a la puerta una maleta con una muda y dormía en el rellano de la escalera, para que la policía secreta de Stalin no despertara a sus hijos cuando fueran a buscarle. Julian Barnes contó su historia en su novela El ruido del tiempo (Anagrama).
Pero la Unión Soviética ya es Historia y Marruecos tampoco es Corea del Norte; de hecho, los marroquíes no sólo tienen noticias del mundo exterior, sino que más de 5.000.000 de ellos viven en Europa y están en permanente contacto con sus familiares gracias a las redes sociales. Incluso el propio Mohamed VI pasa más tiempo en París que en su tierra, muy bien acompañado por esos fornidos boxeadores a los que el Majzén acusa de tener secuestrada la voluntad real. Pero no nos dejemos engañar por su frívolo —y pecaminoso, según el islam— estilo de vida, pues puede mantener ese lujo obsceno gracias al holding empresarial que heredó de su padre; aunque este se preocupaba más de sobrevivir a atentados y golpes de Estado que de los negocios. El hijo, sin embargo, ha acaparado tanto poder económico en todos los sectores que se podría decir que sus súbditos, son, además, sus clientes. No podemos negar que el rey alauita ha modernizado mucho su país; pero mientras su fortuna no deja de crecer, la corrupción se ha extendido por todas partes —he leído que incluso hay profesores de escuelas públicas obligan a los alumnos a pagar clases especiales que imparten ellos mismos— y millones de marroquíes continúan siendo pobres y analfabetos.
Carne de cañón
Cuando subió al poder, para dar una imagen de rey humilde y cercano al pueblo, se le llamó “rey de los pobres»; y no puedo evitar pensar en la correlación entre ese título y el socialismo: si te abanderas como salvador de los necesitados, necesitas que cada día haya más. Mohamed VI los utiliza como carne de cañón que lanza contra nuestra frontera cada vez que quiere mandarle un recadito a Pedro Sánchez, otro que tal; como los españoles nos aferramos con uñas y dientes a la clase media, ha decidido importar pobres de todos los rincones del planeta para mandarnos para siempre a la clase dependiente de las migajas que el Gobierno quiera repartir.
Se comenta que Marruecos lo tiene chantajeado por el Pegasus, y parece que los hackers —presuntamente argelinos— de Jabaroot han amenazado con hacer público el contenido de lo que había en su móvil. Y, aunque muchos se frotan las manos por la posibilidad de que todo salga a la luz, yo pienso que dará igual lo que se publique. Cuando hablo con amigos de izquierdas que detestan a Sánchez y que están tan escandalizados por lo que pasa en Ceuta como yo, acaban diciendo que, aun así, van a a volver a votarle, pues hay que evitar a toda costa que Abascal llegue a sentarse en el Consejo de Ministros. Y te lo dicen con tal naturalidad que creo que no se dan cuenta de que están diciendo que el voto de la mitad —o más— de los españoles no cuenta. Sólo cuenta el suyo. Es decir: ya no les vale la democracia.
Y, a estas alturas, tampoco les vale a muchos españoles que no votan izquierda. ¿Para qué sirve la democracia si no es capaz de controlar las fronteras? ¿Si cualquier delincuente puede llegar desde la otra punta del mundo y reclamar derechos que ni siquiera los españoles tenemos? ¿Si la Justicia se preocupa más por el criminal que por su víctima? ¿Si regalamos dinero a gente que nunca ha cotizado un euro en nuestro país?
“Poner el cuerpo”
Ahora mismo, los ceutíes se sienten tan abandonados que se han echado a las calles para impedir que instalen a los invasores en los polideportivos y otros espacios públicos, pues esto supondría, de facto, que se está expulsando a los españoles en lugar de a los ilegales. Ante la deriva del Gobierno, personas normales y corrientes, ciudadanos anónimos como tú y yo están arriesgando su integridad física; eso sí que es “poner el cuerpo”, Irene Montero. Que por cierto, no se te oye gritar contra todas las violaciones que están teniendo lugar estos días.
No tengo la más mínima duda de que vamos a ver a la policía, pagada con los impuestos de los españoles, cargando contra los ceutíes para defender a los invasores, que se ríen de los manifestantes porque saben que estamos gobernados por un traidor. A él ese sindiós le vendrá fenomenal, porque podrá implantar el Estado de Emergencia, de Sitio o aquel que impida celebrar elecciones y perpetuarse en el poder. Y a mis amigos de izquierdas les parecerá bien.