- El parloteo político ya habla de que Sánchez podría lanzarse contra la Monarquía, pero pensar que un presidente zombi puede acabar con Felipe VI es inverosímil
España ha sido mayormente monárquica a lo largo de su historia. Sin embargo, ejercer de Rey en nuestra etapa contemporánea ha resultado un oficio de riesgo. Casi duras menos que un entrenador de Florentino, que en los últimos 17 años ha cambiado 12 veces de técnico.
Un amigo aficionado a la historia me recordaba en días pasados en una agradable comida que desde Carlos IV hasta hoy «casi todos los Reyes de España se han muerto en el extranjero». Los españoles somos monárquicos, sí… hasta que echamos al Rey de turno. Aunque es cierto que a diferencia de franceses e ingleses hemos mantenido la cortesía de no llegar a cortarles nunca la cabeza.
Repasas la relación y te sorprendes. Carlos IV falleció en el exilio, durante un viaje en Nápoles. Fernando VII firmó en su segunda etapa un largo reinado de 19 años. Pero su inicio en el trono fue cortado de manera abrupta por Napoleón, que le regaló la corona española a su hermano Pepe Botella. Su hija Isabel II murió exiliada en París, tras caer con La Gloriosa, la revolución de 1868. El efímero Amadeo de Saboya solo ejerció de 1871 a 1873. Tras él llegó la I República y se murió en Turín.
Alfonso XII sí murió ejerciendo de rey de España. Pero se fue jovencísimo, por una tuberculosis que se lo llevó con solo 27 años. Alfonso XIII expiró su último aliento exiliado en Roma, tras haber sufrido la llegada de la turbulenta y fallida II República. Su hijo Don Juan jamás se sentó en el trono y su nieto, Juan Carlos I, nacido en Roma, vive hoy de nuevo en el extranjero, sometido a una suerte de inconcreta pena de destierro a la que lo empujó Sánchez (un presidente que con toda la roña que tiene encima pretendió dar a costa del viejo monarca una supuesta lección de ejemplaridad).
Felipe VI conoce mejor que nadie la historia de su familia. Así que sabrá muy bien que en España la Monarquía es muy estable… hasta que un día deja de serlo. Por eso tiene que manejar con mucho tiento la relación con el peor presidente de turno que le podía haber tocado, un ególatra sin principios que no soporta tener un superior jerárquico. El Rey se mueve ante Sánchez con pies de plomo y capote fino. Se atiene con la máxima pulcritud a su deber constitucional de neutralidad, como no puede ser de otro modo en una Monarquía parlamentaria. Soporta estoico los desplantes y las chinitas que le va metiendo en el zapato el altivo proyecto de autócrata. Evita todo gesto que pueda facilitarle munición a Sánchez para incluirlo en el club de la fachosfera y ordenar al PSOE cortar amarras.
Ahora mismo, Sánchez está utilizando al Rey de manera zafia como cortina de humo para tapar la calamitosa situación de salubridad y seguridad en Ceuta (donde las recurrentes violaciones a mujeres no desvelan en absoluto al «Gobierno más feminista de nuestra historia»). Además, al divo no puede haberle sentado nada bien que Felipe VI enviase recado de que estaba «indignado» por la invasión de la ciudad española, haciéndolo a la misma hora en que Sánchez adulaba de manera bastante rastrera al promotor del ataque, Marruecos.
Sánchez es hábil a la hora de establecer el guion de la conversación pública. Así que todos hemos entrado al trapo de hablar del dedo (el Rey) en lugar de mirar a la Luna que señala (el desastre gubernamental en Ceuta). En este contexto, cada vez más analistas futurólogos empiezan a comentar que Sánchez va a abrir -o ha abierto ya- una campaña contra la Monarquía, como la última tabla a la que agarrarse en su naufragio.
La esquinada psique de este presidente hace verosímil cualquier cábala. Pero me parece que quienes ven a Sánchez a galope contra la Monarquía lo sobrevaloran, por tres motivos: 1.- Carece de apoyo parlamentario para una operación constitucional de semejante calibre. 2.- El Rey lo barre en popularidad entre los españoles. 3.- En realidad Sánchez es ya un pato cojo de salida, emplumado en la brea de sus escándalos y con su frente de izquierdas hundido en las encuestas.
A solo diez meses las generales, o menos, y tal y como están los sondeos (serios), solo caben dos opciones: o pucherazo (y ahí está el escándalo con el voto exterior que viene denunciando El Debate); o abur Sánchez.
Vamos a suponer que España es todavía un país del primer mundo donde resulta inviable un madurazo, por mucha vocación de sátrapa que se tenga. Pero los tiempos se están poniendo recios: véase el delirio del delegado del Gobierno en Madrid negando ayer la autorización para la marcha de este miércoles en la capital de España en apoyo a Ceuta.