Agustín Valladolid-Vozpópuli

  • En 1995 Iñaki Gabilondo le hizo una pregunta similar a Felipe González. Hoy es ya ineludible y urgente poder hacérsela a Pedro Sánchez

,Diciembre de 1994. El PSOE aún está en el poder, pero diversos escándalos le han puesto entre la espada y la pared. El de mayor impacto son las revelaciones sobre la actividad en la década anterior de los autodenominados Grupos Antiterroristas de Liberación, los GAL, el terrorismo de Estado. El ambiente político era de máxima tensión. Con los policías José Amedo y Michel Domínguez ya en la cárcel, el juez Baltasar Garzón envía a prisión provisional a figuras claves de la Seguridad del Estado, con el que fuera su director general, Julián Sancristóbal, a la cabeza.

Solo unos días después, 9 de enero de 1995, en una entrevista emitida en directo por RTVE, Iñaki Gabilondo le hizo a Felipe González esta pregunta: “¿Por qué sabe usted que no se va a descubrir nada que afecte al Gobierno?”. El periodista le planteó de manera explícita al todavía presidente si había organizado, tolerado o consentido los GAL, abordando así el persistente rumor que señalaba al líder socialista como el “señor X” de la cúpula de esta organización clandestina.

González habló de presunción de inocencia y por supuesto negó cualquier responsabilidad en la creación de los GAL. Visto con perspectiva, tan importantes como las respuestas del entrevistado, por otra parte previsibles, fueron las preguntas del entrevistador. No tanto su contenido, por obvio, sino por el mero hecho de que pudiera hacerlas. De que aquel presidente del Gobierno estuviera dispuesto a que se las hicieran. ¿Aceptaría hoy Pedro Sánchez una entrevista como aquella, en directo, con un periodista independiente?

Lo sabían y lo favorecieron

Tras tolerar, sin la consiguiente respuesta política y diplomática, la operación con la que Marruecos castigó a España por haber atendido en un hospital de Logroño al líder del Polisario, represalia que se concretó en el asalto de la frontera de Ceuta, mayo de 2021, por parte de más de 10.000 inmigrantes ilegales; tras entregar unos meses más tarde a Mohamed VI la llave del Sáhara, sin dar la menor explicación ni pedir la aprobación del Parlamento; y ahora, después de darle las gracias a Marruecos por favorecer -si no provocar- la crisis política más grave de las sufridas en España desde el 23-F, ¿aceptaría Sánchez responder en directo, y sin salirse por la tangente, a esta pregunta?: “¿Por qué sabe usted que no se va a descubrir nada que afecte al Gobierno o a su persona?”

La relación que Marruecos tiene con la verdad es meramente instrumental. Cuando sus autoridades aseguran algo, por lo general es necesario hacer varias comprobaciones antes de darlo por bueno; si firman un acuerdo, su aplicación puede demorarse años, hasta que el Palacio Real le da el visto bueno o han conseguido nuevas concesiones a cambio de su entrada en vigor.

Nada legal, alegal o ilegal se mueve en Marruecos sin el conocimiento del régimen. Este conoce a la perfección la estructura de las mafias que mueven el tráfico ilegal de personas y que actúan en su territorio. También a quienes componen las redes que manejan el tráfico de drogas, tienen en España su principal puerta de entrada a Europa desde el norte de África y han convertido el Campo de Gibraltar en uno de los principales enclaves del narcotráfico internacional.

Si el debate es si Marruecos supo de la invasión de Ceuta con antelación suficiente como para evitarla, o al menos contenerla en parte, no pierdan el tiempo. Háganme caso, no hay debate. No hay la menor posibilidad de que los servicios de inteligencia marroquíes no conocieran, y favorecieran, lo que se estaba preparando. Cosa distinta, por no existir, de momento, pruebas que así lo acrediten, es afirmar que fueran estos mismos servicios los que diseñaran la invasión de los días 30 y 31 de julio. O que mirar para otro lado pueda considerarse un acto de buena vecindad.

Felipe vs. Mohamed

Es a partir de esa certeza, del seguro conocimiento previo que las autoridades alauitas tenían de lo que se estaba cociendo, el punto desde el cual hay que evaluar el comportamiento del gobierno español. Rabat no ha hecho nada por impedir la avalancha; tampoco hace lo suficiente para evitar que España se haya convertido en el puente de paso de toneladas de droga hacia Europa. Y, por toda respuesta, lo que hace Sánchez es elogiar a Marruecos por su “extraordinaria colaboración”.

¿Qué está pasando para que el peor de los ataques contra nuestra integridad territorial se salde con un gracias Mohamed por parte del Ejecutivo español? ¿Qué es lo que no sabemos para que Pedro Sánchez se arriesgue a cuestionar el papel del jefe del Estado en un sistema de monarquía parlamentaria, el suyo, mientras persiste, con equívoco empeño, en actuar como abogado defensor de un monarca autócrata?

La de Iñaki fue una pregunta tan necesaria como inevitable. La que aún no se le ha hecho en serio a Sánchez, en directo y mirándole fijamente a los ojos, es ya ineludible.