Teodoro León Gross-ABC

  • Su frialdad ha derivado en un nivel peligroso de empatía cero ante el sufrimiento de los ceutíes

Sánchez ha iniciado el curso, como suele, en la Cadena Ser. Vuelve a casa después de las vacaciones, y su mensaje a los españoles es situarse más cerca de Mohamed VI que de Felipe VI y lanzar jeremiadas sobre su derecho al descanso. Qué cosas. Por supuesto, miente: nadie ha cuestionado su derecho a las vacaciones, sino la irresponsabilidad de un presidente que no da la cara en la peor crisis territorial del país en años quitándose de en medio durante semanas. Pero lo significativo de la entrevista no han sido las contradicciones oportunistas o las mentiras impúdicas, una rutina que ya se da por descontada, sino el tono. Nunca se ha visto un Sánchez con menos empaque, con menos magnetismo, con menos swing. Más que cansancio, parecía hastiado, como si ya se aburriera a sí mismo con sus relatos.

No se recuerda un Sánchez con tan poco interés al menos en el poder, incapacitado para suscitar curiosidad por lo que decía o lo que pudiera decir. Casi sonado. Tal vez ha perdido los últimos restos del magnetismo del poder. Más allá del ‘look’ del chaleco, que viene a ser como las gafas que llevó al Senado, el caso es que algunas de sus frases provocaban, literalmente, risa. Tal cual. Ya no indignación por la poca vergüenza con que se despacha –sostiene que es un escándalo no reaccionar de inmediato ante el caso Ayuso pero que el caso Begoña no requiere reaccionar porque es una persecución, tan campante al dictar sentencia, como con el fiscal general– sino risa literalmente ante sus relatos, como al atribuir a la «internacional ultraderechista» esa invasión bien organizada en Marruecos.

En este regreso, tal vez el último retiro palaciego estival, era inevitable ver a un Sánchez muy desconectado de la realidad, mientras defendía campanudamente sus vacaciones tras un «ataque a la integridad territorial de España», en lugar de convocar el Consejo de Seguridad Nacional. Ya ni ve el ‘epic fail’. De hecho, no parecía el mentiroso desahogado de otras veces, que planta cara a los hechos con desparpajo, sino un tipo algo sonado. Entretanto se van sumando alcaldes socialistas a las concentraciones de hoy, Día de Ceuta, porque anteponer la defensa de Sánchez a la defensa de ese crisol sentimental de España parece una suerte de suicido político. Su frialdad ha derivado en un nivel peligroso de empatía cero ante el sufrimiento de los ceutíes. Ya ni por instinto político. Cero. Tal vez Sánchez ha acabado por pasarse de rosca y ya lo acecha su propia caricatura. Como al elogiar la alternancia democrática, pero sólo si hubiera alguien que él considere alternativa a ‘Su Persona’. O colando a Israel en la invasión mientras exculpaba a Marruecos. Se presupone que Sánchez peleará hasta el final, porque es su naturaleza, pero lo visto en esta entrevista es la imagen de un púgil dando golpes al aire en el ring.