Teodoro León Gross-ABC

  • La Moncloa ha evitado incomodar a Marruecos con una delicadeza exquisita. Es legítimo preguntarse por qué, y sospechar que sólo puede ser algo inconfesable

Sánchez se ha ganado, a puro pulso, que se le vea desde hace semanas como embajador virtual de Marruecos en España. Es algo más que una caricatura malévola. Él es quien ha insistido en exhibirse, tan obsesiva como impúdicamente, en el papel de protector de los intereses de Mohamed VI. Ministro tras ministro socialista han repetido sus consignas, reiterando que nada señalaba a Rabat. Ha sido una letanía compulsiva –Marlaska, Bolaños, Elma Saiz, Ángel Víctor…– para exculpar a Marruecos y blanquear su imagen. No han disimulado. Por eso rige el pirandelliano ‘así es si así os parece’: una mayoría abrumadora de españoles, según los primeros sondeos, cree que mienten. No hay que ser Poirot o Holmes para deducir que si entran casi cien mil inmigrantes el Día del Trono, eso interpela gravemente a Marruecos. Lo de Sánchez ha sido un papelón.

Y el mensaje se mantiene bastante invariable, aunque haya introducido algunas subordinadas para aparentar matices a esa marroquinidad irredenta: «Nadie ha aportado pruebas al Gobierno de que la entrada masiva fuera diseñada o ejecutada por Marruecos». Vaya por delante que él mismo sí que ha acusado, sin pruebas, a Israel y Rusia además de agitar comodín de la ‘Internacional Ultraderechista’ con sus ‘megainfluencers’. De hecho, Sánchez, como suele, trata de inducir a su clientela a la confusión, para distraer de algo bastante simple: si hay una violación territorial masiva desde un país, de inmediato se le pide contundentemente una explicación a ese país. No hay otra. Pero la Moncloa ha evitado incomodar a Marruecos con una delicadeza exquisita. Es legítimo preguntarse por qué, y sospechar que sólo puede ser algo inconfesable.

Abochornado por todos los grupos, incluso sus más leales de Bildu y Esquerra hasta el punto de que Rufián llamó «asesino» a Mohamed VI, Sánchez admitió que la relación con Marruecos «tiene que ser diferente». ¿Pero en qué ha sido o es diferente? Se les trata entre algodones. Supuestamente hubo una llamada a consultas a la embajadora pero de tapadillo. Para un presidente que ha llegado a retirar embajador de Argentina por unos comentarios de Milei sobre Begoña, y que ha ido campanudamente al choque con Israel, es ridículo. Y casi con toda seguridad, falso. Todo son miramientos con Marruecos. El presidente ha estado más dispuesto a cuestionar al Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (Cenif) de la Policía Nacional –«tendrá que explicarse»– que a Rabat. En la Moncloa evitaron pedir un informe como la jueza, obviamente para evitar la verdad.

Sí es una caricatura, claro, imaginar el final de los días políticos de Sánchez exiliado en Marruecos, como Bettino Craxi en Túnez, donde sería Amir Al-Sanchez, toda vez que Amir significa «de rango superior» o «sublime», y pasaría sus días en Asilah diciéndose que él estaba en el lado correcto de la historia, como Craxi en Hammamet. Eso sí, pinta a un mal final.