- Tras un mes preparando su regreso, el presidente se encontró con el informe policial sobre Ceuta, la rebelión de los ayuntamientos, la crisis en su Consejo de Ministros y el descrédito en el partido
Uno de los mejores termómetros para medir el mal momento que atraviesa el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es la puesta en escena. De toda la escena política, el secretario general de los socialistas ha sido el único capaz de sobrevivir a crisis de calado histórico y casos de corrupción con un montaje propio de un trilero. Una mascarada medida al milímetro por decenas de asesores que han sabido interpretar el momentum mucho mejor que sus rivales en la oposición.
Sin embargo, hasta los trucos más elaborados están dejando de surtir efecto en el abanico del prestidigitador de la Moncloa. Tras la invasión sufrida en Ceuta los días 30 y 31 de julio, el presidente del Gobierno escondió la cabeza en La Mareta durante más de tres semanas, sin tener la deferencia de volver a la ciudad autónoma a ejercer sus labores de Estado. Veinte días donde, junto a su círculo más cercano, meditó el triunfal regreso a la vida pública a principios de esta semana. Un plan de blanqueamiento sin fisuras donde se presentaría ante los españoles, una vez más, como el salvavidas de la nación, eximiendo de cualquier cuota de responsabilidad a su Gobierno.
En la diana están los servicios de inteligencia, a los cuales el Ejecutivo lleva tiempo señalando públicamente mientras los coloniza desde dentro, la táctica habitual del sanchismo con las grandes instituciones. Por si eso fuera poco, presentaría a la “internacional ultra” como los instigadores de promover la llegada masiva de marroquíes a la costa ceutí, evitando cualquier atisbo de crítica al reino de Marruecos.
Un “regreso triunfal” empañado
Una semana “fantástica” que comenzó el lunes con una entrevista en la Cadena Ser. A pesar de las condiciones favorables, Sánchez abrió fuego contra la Corona, acusando al rey Felipe VII poco menos de tener prisa por viajar a Ceuta tras “20 años de reinado”, un dato erróneo que repitió en varias ocasiones con total intención. Pese a las expectativas generadas dentro del gabinete presidencial, la repercusión de la visita al ‘Hoy por Hoy’ fue nula. Es más, generó un sentimiento monárquico en muchos cuadros socialistas ajenos al día a día de la Moncloa.
Los planes empezaron a resquebrajarse de forma alarmante entre el martes y el miércoles. Centenares de ayuntamientos apoyaron la manifestación en apoyo de Ceuta instigada por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), incluyendo 72 municipios gobernados por el PSOE que se rebelaron contra el mandato de Ferraz. La manifestación del 2 de septiembre fue un éxito total, sobre todo por el poco tiempo de cocción que había tenido.
Para más estrépito del blanqueamiento previsto por el sanchismo, el mismo miércoles salió a la luz el informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional. Dicho escrito desmintió por completo la versión sostenida por el Ministerio del Interior a lo largo de estas semanas, asegurando que Inteligencia sí avisó al Gobierno en varias ocasiones de la oleada de inmigrantes que estaba por llegar a territorio nacional. Un informe demoledor, que dejó sin excusas a Sánchez a 24 horas de su comparecencia en el Congreso de los Diputados.
Una en la que volvió a repetir el mismo discurso que en la Cadena Ser, aderezando sus palabras con los clásicos ingredientes de la ultraderecha, los bulos y la sentencia del Tribunal Supremo que han utilizado de pararrayos. En busca del aplauso fácil, Sánchez se encontró con una ruptura en diferido de su Consejo de Ministros. Margarita Robles, titular de Defensa, fue la única que no se levantó para vitorear al líder, confirmando la desazón absoluta de una parte fundamental del Ejecutivo. Moncloa dio orden de blindar a Marlaska frente a Robles en su particular ‘guerra’, y así ha sido en las últimas dos semanas.
Nadie en el PSOE cree a Sánchez
Poco ha importado el informe o las mentiras del exmagistrado, la señalada ha sido la ministra de Defensa. Para más mayor fracaso de la puesta de largo del presidente, se encontró con una de las mejores versiones parlamentarias de Feijóo y Abascal, más las críticas de ERC y Podemos, mucho más vehementes con el Ejecutivo que el resto de partidos de izquierdas en la cámara.
El PSOE ha entrado en modo ‘sálvsese quien pueda’, y poco correligionarios quedan en la formación que compren “la mercancía” de un presidente agotado, sin flor, abonado al fracaso y cuya única supervivencia depende de los tribunales. Puente asoma la patita, y los críticos preparan un rearme a gran escala para reconquistar el partido para cuando caiga el líder.
En definitiva, lo que nació desde el despacho presidencial como un relanzamiento para inaugurar el curso político ha terminado derivando en un estancamiento sin solución. Nadie se cree a Sánchez, ni tan siquiera en su propio Consejo de Ministros, y el ambiente que se respira en el partido es de descomposición avanzada. Los críticos apuntan al mes de marzo como salida del laberinto electoral, pero nada hace presagiar que el presidente entregue las urnas al pueblo en el momento actual, con el PSOE en caída libre y su figura por los suelos. Además, la semana que viene regresa el ‘caso Plus Ultra’ y las cloacas del PSOE a la Audiencia Nacional, con la inauguración del año judicial que siempre dará que hablar. Si parpadean se lo pierden, que diría aquel.