Agustín Valladolid-Vozpópuli
- La invasión de Ceuta pudo ser la ‘october surprise’ de Sánchez, la oportunidad de provocar un anhelado giro en las encuestas. ¿Por qué no la aprovechó?
Hechos probados: gendarmes marroquíes guiaron a la muchedumbre que invadió Ceuta el 30 y el 31 de julio. Hechos que se probarán: gendarmes marroquíes de paisano, infiltrados entre los que asaltaron la ciudad autónoma, alentaron y organizaron el regreso a Marruecos de la mayoría de los invasores cuando Rabat dio la orden de retirada.
Una compleja operación que en 48 horas restituyó ordenadamente a más de 60.000 personas al otro lado de la frontera. ¿Extraordinaria la capacidad de sugestión de los autores del estrambótico “ataque híbrido-algorítmico” con el que el Gobierno ha fantaseado? La verdad que Pedro Sánchez ocultó en su relato del jueves en el Congreso no es tan sofisticada.
Por decisión de Mohamed VI, la Fiesta del Trono de este año se celebró en M’diq-Fnideq, a 33 kilómetros de Ceuta. El escritor Tahar Ben Jelloun contó días después a El País que cuando salió de la recepción en la residencia real vio cómo oleadas de jóvenes, miles, ya de noche, se dirigían hacia Ceuta sin que nadie lo impidiera: “Tenemos la policía más potente del Magreb. Habría bastado con mandarlos de vuelta a casa y decirles que no tenían nada que hacer en Ceuta”.
En el informe que el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), del Cuerpo Nacional de Policía, elaboró por orden de la Audiencia Nacional, se asegura que gendarmes uniformados daban indicaciones y orientaban a los inmigrantes hacia determinados puntos de acceso, mientras otros, de paisano, actuaban como “dinamizadores” de la masa. Gendarmes.
¿De quién depende la Gendarmería? Pues eso
Me escribe un viejo amigo, llamémosle V, ex funcionario de las Fuerzas de Seguridad: “He leído el informe del CENIF. Y hay imágenes especialmente difíciles de explicar: gendarmes facilitando el paso y utilizando incluso camiones para favorecer la entrada. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿De quién depende la Gendarmería Real marroquí?”
Sigo con la transcripción: “No hablamos de una policía que pueda actuar por libre. Es un cuerpo integrado en la estructura militar marroquí. Y su comandante, el general Mohamed Haramou, fue nombrado personalmente por Mohamed VI en diciembre de 2017. Pero hay más. En septiembre de 2019 España concedió a Haramou la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, la máxima distinción del Cuerpo. Fue propuesta por el entonces ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aprobada por el Consejo de Ministros y entregada por el propio Marlaska”.
“¿Qué sabía Palacio?”, se pregunta V. “¿Quién ordenó a esos gendarmes actuar? ¿Quién permitió que miles de personas se concentraran en la frontera? ¿Quién autorizó que fueran orientadas hacia Ceuta? ¿Quién facilitó el paso?”. ¿Es verosímil -me pregunto yo- que en sucesivas declaraciones los ministros alauitas de Justicia, Asuntos Religiosos y de Obras Públicas hayan reivindicado la marroquinidad de Ceuta y Melilla sin seguir órdenes de Palacio o al menos tener el consentimiento regio?
Se trata de preguntas sustanciales; las más sustanciales para identificar y evaluar adecuadamente el verdadero nivel de la amenaza; las más urgentes de responder antes de tomar, en justa proporción, decisiones en clave política y diplomática y actuar, como dijo Sánchez, “en consecuencia”. “Vamos a trabajar cargados de hechos probados”, anunció.
¿A qué se refiere Pedro Sánchez con “hechos probados”? ¿A un documento con la firma de Mohamed? No va a haber ninguna consecuencia. Él lo sabe y Marruecos lo sabe. La invasión de Ceuta pudo ser la october surprise de Sánchez (acontecimiento imprevisto que ocurre durante el mes de octubre, justo antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre, con el potencial de influir de forma drástica en la intención de voto); la anhelada oportunidad de provocar un vuelco -o al menos un significativo cambio de tendencia- en las nefastas expectativas electorales de su partido.
‘Ajuste de cuentas’
Si se hubieran aplicado los criterios básicos de cualquier manual de crisis, probablemente hoy estaríamos en otro escenario. Pero a pesar de ser consciente de ello -no es siquiera conjeturable que ni él ni sus asesores no repararan en el notable rédito político que se podía obtener de una crisis bien gestionada-, optó por irse de vacaciones. ¿Por qué hizo eso? ¿Soberbia? ¿Descuido? ¿Insensatez? ¿Midió mal? No lo creo.
Ahora tiene una nueva ocasión para, al menos, reforzar su relativa posición de casi único dirigente de peso en los cada vez más menguantes espacios de las izquierdas española y europea. Solo debe completar el puzle con la pieza (Marruecos) que no quiso utilizar en la tribuna del Congreso, y que el escritor Ben Jelloun, en sus declaraciones del 9 de agosto, ya le había resuelto: “Ha habido un ajuste de cuentas con España injusto y mentiroso porque se pretende castigar la política de Pedro Sánchez por haber desobedecido a Trump y Netanyahu en la cuestión de Gaza”.
Trump y Netanyahu urdiendo la venganza y Mohamed ejerciendo de brazo ejecutor. Venga, lo compramos. ¿Y? ¿Por qué Sánchez señala en el Parlamento al norteamericano y al israelí (y a Putin) y protege al autócrata del sur, a pesar de los sólidos indicios y las pruebas documentales existentes? Habrá algún gesto de presunta reconvención, algún movimiento previamente pactado, pero nada sustancial va a cambiar en las relaciones con Marruecos, diga lo que diga el presidente. Y Ceuta y Melilla seguirán siendo piezas de chantaje y negociación.
Un plan de rescate
“Me indigna la flojera del gobierno con Marruecos. Parece que le tiene miedo por razones que se me escapan”, ha escrito Jorge Dezcallar, exembajador en Rabat y exdirector del CNI. “Nos interesa llevarnos bien con Marruecos por muchas razones -añade Dezcallar-, pero para bailar el tango hacen falta dos y por las malas somos más fuertes. ¿Qué tememos?”.
Buena pregunta. Como le pasó a Aznar con el 11-M, con su gestión de la invasión de Ceuta Sánchez se ha ido a negro. Le están preparando un plan de rescate, del que ya nos ocuparemos. Pero no servirá de mucho. Porque lo que esta crisis ha puesto de relieve es que hubo alguien que, cuando quiso y como quiso, decidió poner en evidencia la debilidad y subordinación del presidente español. Un hecho insólito, y de enorme gravedad. Uno de los más graves que hemos conocido en estos casi 50 años de democracia.