Teodoro León Gross-ABC
- El presidente del Gobierno no tiene éxito diciendo a la gente lo que tiene que pensar, pero constantemente tiene éxito diciéndoles sobre qué tienen que pensar
Hay algo donde la Moncloa, incluso en lo peor de la tormenta, no pierde el timón: el control de la agenda. Ahí se manejan con un dominio magistral, para quitarse el sombrero, o a falta de sombrero, como decía Valle, quitarse el cráneo. Sánchez le marca el paso a la conversación pública bastante a su antojo. Esta semana decidió poner al país a escandalizarse anunciando que contará con Zapatero en la próxima campaña electoral. De inmediato las tertulias se volcaron en ese anuncio delirante de mantener como faro moral del PSOE al expresidente investigado por organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo y falsedad documental que ya alcanza 86 días sin desentrañar las joyas que iba a explicar «en una semana o diez días». Esto no se lo cree ni él, con Zapatero achicharrado en la operación turbia de Plus Ultra, pero Sánchez sabe cómo poner el debate público a bailar a su son.
Apenas iniciarse la inauguración incómoda del curso judicial, presidido por el Rey, le filtraban a ‘El País’ que contratan por dedazo varios puntos de wifi gratis para los asaltantes de Ceuta. Otro de esos trucos de ‘misdirection’ de los magos: hacer que la atención se vaya a un punto secundario. Algunos ya se preguntaban, indignados, en qué artículo de los Derechos Humanos figura que hay que ponerles el wifi gratis que no tienen los ceutíes. La técnica es sencilla, y muy eficaz cuando se ejecuta con destreza en el momento exacto. Un día antes, con la gerente del PSOE en la Audiencia Nacional respondiendo a preguntas sobre financiación irregular, Sánchez usó la sesión de control para poner el foco en el informe PISA señalando a las comunidades del PP. Es un prestidigitador sin escrúpulos: el desastre educativo, de hecho, toca fondo en País Vasco y Cataluña, con el fiasco de los modelos superideológicos de nacionalistas y socialistas, mientras el ranking está liderado por Madrid y Castilla y León, gobernadas por el PP desde hace décadas.
La desclasificación de documentos ha estado muy calculada. Así se desvía el debate de la pésima gestión de la crisis y de la oscura complicidad con Marruecos, y ahora la cuestión es si los avisos pueden considerarse avisos o no, y si cumplieron los procedimientos: ¡sobres lacrados! Y todos enredados en esa polémica absurda. La Moncloa no ha dudado en arrastrar por el barro al CNI, como antes Sánchez no dudó en desprestigiar al Rey para parapetarse detrás. Era materialmente falso que Felipe VI no hubiera ido en veinte años a Ceuta, porque lleva doce reinando, y sólo podrá hacerlo cuando Sánchez quiera. Claro que a estas alturas no engaña a casi nadie, pero manipula el debate con suma facilidad. Parafraseando un viejo axioma de la prensa, Sánchez no tiene éxito diciendo a la gente lo que tiene que pensar, pero constantemente tiene éxito diciéndoles sobre qué tienen que pensar. Y eso ya es mucho.